Visualizando la rutina

Visualizando la rutina

Estos días de incertidumbre y estar en nuestras casas puede llegar a ser difícil, y mucho más con hijos que no entienden bien la situación (jajaja creo que ni nosotros) y quieren volver a sus actividades regulares. Es por esto que hice junto con M una lista de su rutina estos días y la pegamos en un lugar de la casa donde la pudiera ver.

Existen muchas formas de hacer una tabla para visualizar la rutina. Puedes hacerlo con fotos, dibujos hechos por ti, etc. Yo hice una que me pareció simple, ordenada y sobre todo fácil de imprimir y pegar.

Quiero compartirles el template que incluye 11 tarjetas + niño y niña, para que lo hagas junto con tus hijos y les ayude a visualizar su día.

Yo lo imprimí en hojas blancas y pintamos cada tarjeta. Cortamos y pegamos sobre unas hojas celestes que tenía en mi casa. La idea es que lo hagas con el material que tienes en casa, sin complicarte. A un lado pegamos la niña (literal con cinta mágica) y M la va moviendo conforme cambiamos de actividad.

Si llegas a hacerlo, no olvides en mencionarme en Instagram para ver como quedó.

Ánimo, estos tiempos pasarán y extrañaremos estos días con nuestros hijos.

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…you got this mom!

Mamá pre y post parto

Mamá pre y post parto

Hoy tenía muchas ganas de escribir sobre este tema que he traído dándole vueltas las últimas semanas.

Cuando estamos embarazadas es increíble la atención hacia la mamá. Todos a tu alrededor están pensando en ti… te preguntan si ya comiste, te ofrecen un lugar para sentarte, todos se interesan por tu salud, por tu descanso, etc. y realmente quieren que estés bien.

Pero, ¿que pasa cuando nace nuestro bebé? De pronto, muchas de las atenciones que giraban en torno a ti, ahora cambian y se enfocan en tu bebé… que es totalmente normal, pero hoy quiero hablar de los sentimientos por los que podemos pasar en esta situación.

Obviamente después del parto hay un millón de emociones que ni siquiera nosotras podemos controlar. Desde un amor inexplicable por tu bebé, hasta llorar en la regadera porque ya no lo tienes dentro de ti, o te sientes extraña con tu cuerpo. Si, son muchas cosas, sin embargo, podemos con todas ellas pero necesitamos en estos momentos también atención y apapachos de la gente cercana a nosotros.

Sé que a veces es difícil hablar de nuestros sentimientos con los demás, pero si estás a punto de ser mamá, te sugiero que platiques con tu pareja, mamá, amigas o con quien te sientas en confianza para pedirles que no te suelten. Que no suelten la atención hacia ti, y que por mas que es una felicidad enorme tener a un bebé en sus vidas, también te pregunten como estas tu, si ya comiste, o si necesitas un momento para sentarte.

Es difícil reconocer que necesitamos atención y que nos sentimos vulnerables en algunos momentos, pero tenemos que ser consientes de que los que están a nuestro alrededor a veces no se dan cuenta de que pasamos a un segundo plano.

Y si tu no estás embarazada, pero tienes a alguien cercano que lo está… no la sueltes. No dejes de preguntarle por su salud, su bienestar, si necesita comer, si necesita ayuda con algo de su casa, hijos, etc.

El día del nacimiento de tu bebé, no sólo llega una persona nueva al mundo, nacen dos. Nace una nueva versión de ti (aunque no sea el primero), una nueva mamá que al igual que el bebé, necesita mucho amor y cariño en esta etapa post-parto.

…you got this mom!

 

Ser mamá millenial

Ser mamá millenial
Colaboración para: SUBROSA MAGAZINE

Lucir perfecta, tener una casa limpia y ordenada, preparar comida y siempre tenerla caliente para cuando llegue el esposo, es una idea que para muchas mamás hoy en día se vuelve irreal y muy lejana a lo que actualmente vivimos.

De acuerdo con el “Pew Research Center”, las personas nacidas de 1981 a 1996 pueden considerarse millennials, que actualmente rondan entre las edades de los 23 a los 38 años.

El cambio generacional existe desde siempre, las formas de hacer las cosas, la evolución y aprendizaje, pero como millennials nos tocó vivir el cambio drástico de lo tradicional a lo puramente tecnológico. Nos caracterizamos por estar en constante cambio, no conformarnos y siempre querer mas. Aprender sobre un tema está al alcance de un click y podemos llegar a muchos países y el mundo entero desde nuestra propia casa. ¿Qué diferente en comparación a nuestros papás, no?

Como te darás cuenta, el convertirte en mamá en esta generación es un arma de dos filos: puede ser un gran beneficio o la tortura para muchas.

Y es que hoy en día no tenemos que ser científicas para encontrar información que necesitamos, todo lo encontramos en las redes sociales, google, y blogs que te dan consejos y opciones diferentes de hacer las cosas. Pero, ¿qué pasa cuando sobrepasamos esta herramienta? Fácil, nos abrumamos y creemos que todo lo que estamos haciendo está mal y podríamos hacerlo mejor. Comenzamos a compararnos con los demás, tratando de igualar vidas, estatus, compras, etc. Que nos pueden llegar a hacer sentirnos infelices y con anhelos de querer tener algo “perfecto”, que realmente no existe.

Como mamás, pasamos por un millón de cambios hormonales.

Comenzando el embarazo nos llenamos de ilusión, vemos un millón de veces Pinterest y nos inspiramos en todo. Buscamos y queremos los mejores productos con los mejores “reviews”, porque claro, a los nuevos papás la mercadotecnia los acosa y quieren hacerte sentir que necesitas todos esos productos para sobrevivir y lograr una paternidad exitosa.

Después nace tu bebé, y como un balde de agua fría llega la realidad que muy pocos te cuentan: no todo es color de rosa, ni fotos bonitas.

Las desveladas cada día se vuelven peor, el cansancio te consume, si estás con tu pareja existen pleitos y discusiones de las que jamás te habías imaginado tener. Toda “realidad” que creíste ver en una foto de Instagram se disuelve y se vuelve totalmente lejano a lo que estas viviendo. ¿Qué es lo que pasa? Te puedes llegar a preguntar, y es que así como tenemos la tecnología al alcance de un dedo, todos podemos tener nuestras fotos perfectas, las palabras correctas, los videos de los mejores momentos, pero muy pocos te van a mostrar las desveladas, el llanto, los vómitos y cambios de pañales nocturnos que hacen de tus noches eternas.

Tenemos mucha información a nuestro alcance que puede ser contraproducente para nosotras. Tantas enfermedades que podemos googlear, tantas vidas que podemos ver, tantas historias que podemos leer, pero ninguna es como la tuya.

Como mencionaba anteriormente, estamos en constante cambio y el ser mamá es uno de los principales que pueden sacudir nuestro mundo, que transforman realidades, pensamientos y sobre todo: nuestros planes.

Algo que nos encanta como “millennials” es tener todo bajo control. Crear planes que nos motiven a crecer y crear nuevos proyectos. No digo que hacerlos esté mal, sin embargo, en la maternidad todo esto se vuelve frustrante cuando no se llevan a cabo como tu los imaginaste. Cuando tus aspiraciones cambian y tus prioridades también podemos llegar a sentirnos que hemos fracasado en algún ámbito de nuestra vida.

Como por ejemplo, puede ser que tu personalidad es mas a fin de quedarse en casa, cuidar a los hijos y acompañarlos 24/7 en sus actividades, que honestamente, es el trabajo más agotador y nadie te paga por hacerlo, pero es entregado con el mayor esfuerzo y amor que jamás creíste sentir. Haces a un lado muchas cosas, pero si ser madre te llena el corazón completamente, tu lugar está ahí.

Por otro lado, puede que tus deseos de seguir siendo una mujer emprendedora y de negocios continúe. Amas a tus hijos, pero también quieres ser ejemplo de trabajo, prosperidad y obviamente el beneficio económico nunca está de mas. Tu felicidad también depende de sentirte útil, de encontrar tu propias metas profesionales y llegar a donde tus sueños te lo permitan, tu lugar también esta ahí.

Así mismo, existen otro tipo de realidades, donde como mamá debes de trabajar por que lo necesita tu familia. No es tu mayor sueño, pero necesitas pagar cuentas, casa, y una vida para tus hijos. Sin embargo, el ser proveedora para tu familia y poderles dar lo que necesitan hace que te sientas feliz y completa, porque entregas tu sacrificio diariamente por verlos crecer, tu lugar también esta ahí.

Y asi, existen un millón de realidades que pasan por cada una de nosotras como mamás. Cada una completamente diferente, con altas y bajas. Ninguna digna de ser comparada con otra.

derek-thomson-FK247ivR83A-unsplashSer mamá en estos tiempos se ha vuelto totalmente diferente. Alguna vez escuché decir a una psicóloga, que nuestros papás no podrían ser padres de nuestros hijos, porque los tiempos cambian, las enseñanzas y metodologías también… así como nosotros no podríamos ser padres de nuestros nietos.

Todos tenemos nuestra esencia como generación, como comunidad, y como familia, lo importante es hacernos consientes de los momentos por los que estamos pasando, los cambios y las expectativas que tenemos y saber que todo puede irse transformando y adaptando a nuestra propia realidad.

Hagamos a un lado las comparaciones, usemos la información que obtenemos del internet con criterio y utilicemos tecnología para cambios positivos en nuestra vida.

Ser una mamá millennial tiene sus ventajas también. Podemos enriquecernos más, conocer y aplicar nuevas formas de educación para nuestros hijos. Observar y analizar las cosas que nosotros disfrutamos de pequeños, así como las que nos hubiera gustado cambiar y ponerlo en práctica con nuestra familia.

Creo que en estos tiempos somos mas consientes de lo que les entregamos, compramos, enseñamos y hacemos con ellos. Aprendamos a sacar el provecho a lo que nos ofrece nuestro alrededor hoy, por hacer mayores cambios y ser mejores papás para nuestros hijos, que sin duda, son lo que más nos llena de satisfacción.

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¿Cuántos regalos son suficientes?

¿Cuántos regalos son suficientes?

Se acerca mi época (y la de muchas) favorita del año, y es que creo que cada vez la disfruto más y más. Siendo papás, esta fiesta puede dar muchos giros y con ello llega la emoción de volver a recibir a Santa Claus, los Reyes Magos, la ilusión y alegría de la Navidad.

Recordemos que esta época, (en especial para los cristianos) es cuando celebramos el nacimiento de Jesús, la esperanza, y la unión como familia. Muchas veces perdemos y olvidamos el motivo principal de la Navidad y nos dejamos llevar por la mercadotecnia. Nos saturamos de cosas, productos, regalos y queremos ser los primeros en tener todo decorado y listo desde antes que llegue diciembre.

Todo el tiempo estamos buscando el regalo perfecto… que si para tu mamá, tu esposo, tu hermana, los hijos, tus amigos, el detallito para los vecinos, etc. y compramos por comprar sin cuestionarnos si realmente es algo que necesitan, si los ayudará a crecer o solamente es un regalo superficial que en unos días acabará olvidado en una esquina.

Me puse a reflexionar un poco, y es que esta es la tercera Navidad de Mariana, pero la primera que realmente entiende un poco más acerca de los regalos y Santa Claus. Queríamos como papás que fuera un momento mágico, pero también realista y no llenarla de muchísimos regalos y sin que ella entendiera el punto de esto.

Así que platicando con una amiga (que muchos de ustedes ya conocen, y si no síganla ya!) @nextdoormom_ nos dimos a la tarea de hacer una carta especial a Santa, en donde nuestros hijos puedan involucrarse un poco más, hacer conciencia de lo que están pidiendo y el porque de todo esto.

Existen muchas cartitas y templates predeterminados, pero no quisimos dejar de compartirles esta idea que nosotras aplicaremos con nuestros hijos, y poder acompañarlos como familia en una nueva tradición, en donde no solo pidan por pedir, si no que hagamos conciencia de las cosas que necesitamos, nos hacen crecer y queremos, y así mismo ofreciendo aquellas buenas acciones que hemos hecho por los demás durante el año. Lo mejor de todo es dejarlos reflexionar a ellos y entregar su bondad a los demás.

Les dejamos aquí el PDF descargable de la cartita a Santa, para que ustedes la puedan imprimir (si es a color mucho mejor) y puedan llenarla con sus hijos.

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Get ready for christmas!
…you got this mom!

 

Mis pérdidas de embarazo

Mis pérdidas de embarazo

Tengo 36 años, tengo una niña de 3, y 4 años de casada. Me embaracé a los 6 meses después de casarme. Mi primer embarazo fue muy normal y sano, tuve algunos síntomas los primeros 3 meses pero muy leve y muy normal. A las 39 semanas, en marzo de 2016, nació nuestra primer hija por parto natural.

Después de 1 año y medio mas o menos, de disfrutar, de aprender, de no dormir, de cambios todos los días; sentimos que todo ya estaba mas estable entre nosotros como familia, empezamos a buscar otro embarazo,  

En abril del 2018 me hice una prueba casera y dio positiva. Estábamos muy contentos, y esta vez estaba mas relajada, pues ya no era algo nuevo, era algo por lo que ya había pasado y de cierta forma yo creía, muy ingenuamente, que sabía mas o menos a lo que iba. Pudimos confirmar el embarazo con un ultrasonido en la semana 6. En nuestra siguiente cita íbamos muy contentos y yo iba desesperada/emocionada por escuchar el latido de mi bebé. Estaba súper feliz porque no tenía ningún síntoma y no dejaba de pensar que tal vez sería niño, porque según yo era un embarazo diferente, (y vaya que lo era). El doctor nos recibió y nos felicitó, me pesó, tomó mis datos y me pasó a hacer el ultrasonido, me paso varias veces el transductor hasta que de repente el doctor hizo un ruido como de negación y ya yo me quede pensando y después de un buen rato nos dijo que no encontraba latido, me quede estática, no sabía que pensar, como reaccionar, que preguntar, que decir, no sabía si llorar, no sabía que estaba pasando. El doctor nos dijo que le dolía mucho darnos esa noticia, que era algo que lamentablemente pasaba mucho y que no se podía hacer nada, nos pidió ir a un hospital con un radiólogo experto en radiología de la mujer para confirmar el diagnóstico. 

Salimos del consultorio y le hablé a mi papá, quien es cirujano, y le explique lo que estaba pasando, me dijo que nos veía en el hospital y en el camino yo iba rezando y poniendo todo en manos de Dios, iba tranquila, esperando que fuera un error, pero como se imaginan a estas alturas, no lo fue.

Llegamos al hospital, el radiólogo me hizo un ultrasonido vaginal y nos confirmó la mala noticia. Nuestro bebe ya no tenía latido, el diagnóstico: huevo muerto retenido de 9 semanas. Seguía en shock, me dolía pero estaba en shock, y no tenía ninguna reacción. Volvimos con el doctor y nos dijo que había dos opciones, esperar a que mi cuerpo expulsara el producto o tomar unas pastillas para dilatar el útero y practicar un legrado. Estuve con el medicamento 5 o 6 días y no me hicieron efecto, nunca tuve cólico ni sangrado. El doctor me revisó y me dijo que ya podía trabajar, entonces programamos el legrado para ese día en la noche, 6 de Junio 2018. 

Todos estos días fueron difíciles, yo tenia a mi bebé muerto adentro de mi y me lo tenían que sacar, pero no se porque estaba de cierta forma tranquila, obviamente estaba triste y me dolía, porque sabía cual era la realidad, pero al mismo tiempo sentía que estaba viviendo en una fantasía, en un mundo paralelo o no se, que nada de lo que veía estaba pasando. 

Nos fuimos al hospital, me puse la bata, me pusieron el suero, me acostaron en la camilla y ahí estuve con mi esposo, mi papá, y mi ginecólogo a un lado de mi todo el tiempo, esperando que el quirófano, estuviera listo. Por fin llego la hora y en ese momento me puse muy nerviosa, tenia mucho miedo, nunca me habían operado, solo había entrado a quirófano cuando tuve a mi bebé e iba de lo mas tranquila, pues para mi era algo natural lo que estaba pasando y dentro de la euforia no sentí miedo de nada. Esta vez fue diferente, sentía mucho miedo, sentía que me iba a morir literal, quería despedirme de mi esposo y decirle que cuidara a nuestra hija, ¿suena dramático no? Pero es un sentimiento real, no lo hice obviamente, me apaniqué, solo cruce miradas con el y con mi papá y fue todo.  

Ya en el quirófano todo estuvo bien. Las enfermeras y los doctores me cuidaron mucho, el anestesiólogo me acariciaba la frente y me decía que todo iba a salir bien. Yo estaba inmóvil, llorando sin parar, viendo las lámparas del quirófano y pensando que no quería estar ahí, que no quería estar viviendo eso. La anestesia no me dolió, y el procedimiento tampoco obviamente, pero me sentía destrozada por dentro, sentía un hoyo en el pecho, no quería estar ahí, no quería estar pasando por eso, pero tenia que hacerlo, era algo por lo que tenia que pasar y no había nada que hacer para cambiarlo. El legrado terminó rápido, como en 20 minutos, me pasaron a recuperación a que se me pasara la anestesia, fue desesperante porque no me podía mover y estaba cansada. Por fin me pude sentar y fue cuando le dije a mi papá que ya me quería ir a mi casa. Me sacaron en silla de ruedas, como ya era de madrugada llegué directo a mi casa a dormir. Dormí muy bien la verdad, creo que estaba agotada después de tanto estrés y tantas emociones. 

Mi recuperación física fue muy rápida, no tuve sangrado ni ninguna molestia. Pero la recuperación emocional aun está en proceso. Es un dolor como pausado, no lo veo, no pienso en eso todo el tiempo, pero si guardo un poco de silencio, o si pongo atención, me doy cuenta que ahí lo tengo… que es una presión en el pecho, que es un hueco literal y que sigue doliendo mucho, igual que el primer día.

Es un dolor que creo que siempre me va a acompañar, porque fue una ilusión que tuve, que viví, y de un día a otro me dijeron que ya no existía, es el dolor de un hijo o una hija con que soñamos, que deseamos e imaginamos por poco tiempo, y que lo sentimos tan real y al final ¿que? Nada. No supimos si seria niño o niña, no le pusimos un nombre, nada. Yo creo firmemente en Dios y confío en el, tanto así que nunca le pedí con todas mis fuerzas que lo que estaba pasando no fuera verdad, me puse en sus manos y puse en sus manos a mi bebé, y desde antes de que nos confirmaran el diagnóstico se lo entregue.

Mi doctor nos recomendó esperar 6 meses para un nuevo embarazo y creo que estuvo perfecto, antes yo no me hubiera sentido lista emocionalmente. Pero las cosas se acomodan y para diciembre yo ya me sentía mejor, tenía ganas de volver a intentar. 

A principios de febrero, me hice una prueba casera y salió positiva. No sabia que sentir, no sabía que pensar, no sabía si compartir la noticia o esperarme, pero pensaba que si no le decía a nadie era como hacerlo por miedo y si compartía la noticia con nuestras familias pensaba que eso me iba a motivar y me iba a ayudar a pensar positivo, lo platique con mi esposo y el estuvo de acuerdo y me apoyo, ese mismo día dimos la noticia. 

Los demás días pasaron normal, sentía nauseas y muy inflamada y uno que otro cólico por lo que mi papá me dijo que no esperara e hiciera una cita con el ginecólogo. Fuimos a la cita y me hizo un ultrasonido y apenas pudimos ver lo que parecía ser el saco gestacional, lo cual era normal para las 5 semanas de embarazo que tenía. Estuve tomando progesterona y en mucho reposo. Me la pasaba acostada casi todo el tiempo, porque si duraba mucho tiempo parada o haciendo cualquier actividad por mas mínimo que fuera el esfuerzo yo empezaba a sentir dolor, no era dolor fuerte, pero era dolor, entonces por precaución estuve en reposo casi 4 semanas. 

Cuando me tocó cita para un segundo ultrasonido iba emocionada porque sabía que ya escucharíamos el latido del bebé, pero oh sorpresa… en el ultrasonido el doctor vio que no había embrión, solo saco gestacional. 

Por las semanas que tenía de embarazo no era normal, nos pidió tomar una segunda opinión y así lo hicimos. Al día siguiente fuimos con otro ginecólogo y nos confirmó la noticia, mi embarazo era anembrionado, y la verdad me sentía en una película…no podía creerlo, ¿como era posible que me pasara eso otra vez? 

La primera vez el doctor nos dijo que era algo muy común, por lo que muchas mujeres pasan, pero pensé que era algo que no volvería a pasar, mas porque ya había tenido un embarazo normal y que gracias a Dios había salido todo bien. Pero no, ahí estaba teniendo mi segunda pérdida. Me iban a tener que hacer otro legrado, volver a pasar por lo mismo. Raramente esta vez estaba mas tranquila, súper triste claro, pero mas relajada, porque con mi primera pérdida me traumó el echo de tener a mi bebe muerto dentro de mi, que me lo sacaran y lo tiraran a la basura, y así es, no hay otras palabras para decirlo, es horrible pero es la realidad. Esta vez no había bebé, clínicamente no había un embarazo, porque no hubo embrión, pero si era una pérdida, porque tuvimos otra vez la esperanza y la ilusión.

Volví a tomar el medicamento para dilatar el útero por 10 días y no me hizo efecto, me hicieron el legrado y fue mas rápido todo, la recuperación física y emocional pero esta vez también fue muy cansado, el estrés fue mucho. 

A los meses decidimos buscar un ginecólogo perinatólogo, el cual es un especialista en medicina materno-fetal, se encargan de la evaluación y tratamiento de embarazos de alto riesgo y de alteraciones fetales. Tomamos esta decisión porque nos dijeron que no había una explicación para las otras pérdidas que tuve, que normalmente es una selección de la naturaleza cuando el producto no viene bien, entonces el cuerpo lo deshecha, lo aborta. Normalmente te recomiendan ir con un perinatólogo cuando tienes 3 o mas pérdidas, pero nosotros no quisimos esperarnos a tener una tercera. 

El ginecólogo perinatólogo nos dijo que para diagnosticar o para decir que existe Pérdida Recurrente del Embarazo, se tienen que tener 3 o mas pérdidas, y que yo solo había tenido una, clínicamente hablando, pues mi segunda pérdida no había sido un embarazo. Que es algo que pasa, que no hay explicación, no hay como predecir si va a volver a pasar o no, pero que lo bueno era que yo ya tenia un antecedente de un embarazo normal y que el pensaba que podía volver a intentarlo sin ningún miedo. Me mandó a hacer unos análisis y me dijo que si el veía todo bien en los resultados, podíamos buscar otro embarazo dentro de 3 meses. Salimos de la cita y la verdad salí feliz, porque lo que nos había dicho eran buenas noticias, todo indicaba estar bien y así ha sido hasta el momento. Me hice los análisis y todo salió muy bien. Entonces por hoy en eso estamos, dando gracias a Dios de que todo esta bien, agradeciendo y disfrutando lo que tenemos hoy. 

Espero que el estar escribiendo y compartiendo mi historia le sirva a alguien, si es así por favor escríbanme. Me daría mucho gusto saber que alguien se sintió identificada o identificado y que contar mi experiencia sirvió para algo. Se lo que se siente perder un embarazo, a un hijo, se que es un dolor que nadie comprende, es algo que solo entiende quien lo esta viviendo, pero no somos las únicas mamás, ni los únicos papás a los que le pasa.

Ojalá este tema fuera algo de lo que se hablara mas y que hubiera mas consciencia y mas educación sobre como tratar el tema, como apoyar a quien esta pasando por algo así, porque la gente hace como que no pasó nada.

La gente te dice “no importa, eres joven, puedes volver a intentarlo”, y si, puedes volver a intentarlo pero porque piensan que “poder” es igual a “querer” el que pueda volver a embarazarme no quiere decir que este lista para volver a perder a otro bebe, o que no tenga dudas al respecto, y quien decide volver a intentarlo no es mas valiente que quien decide no hacerlo de nuevo. Hay que ser mas empáticos entre nosotros, y si conoces a alguien que ha pasado por esto dile que le apoyas, que le acompañas en su dolor, que si quiere hablar al respecto estas para escucharla, abrázala, dale tu hombro para que llore, lo que sea, pero no hagas como que no paso nada, no minimices su pérdida.

ygtm

Menú semanal

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¡Hola! Pues hoy les comparto esta plantilla que hice para organizar mucho mejor mi día y mi menú de la semana. Me inspiré completamente en mis amigas @madreneta y @nataliruizg para ponerme las pilas y ordenar mis desayunos, comidas y cenas y así no desperdiciar nada, utilizar todos los ingredientes de mi cocina y sobre todo organizar mi tiempo y comer rico con mi familia.

Aquí te dejo esta plantilla, sólo descarga el PDF e imprime.

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