Love like a mom

Love like a mom

Cuando te conviertes en mamá, no hay amor más poderoso que el que tienes por tu familia.

Estoy muy emocionada con esta colaboración que hice junto con Let them be kids! Uniendo un poco nuestras ideas y haciendo esta t-shirt especial para todas las mamás.

“Love like a mom” nació de la idea de plasmar en pocas palabras lo que significa y ha significado en lo personal la maternidad. Creo que después de convertirme en mamá entiendo mucho más todos esos momentos con mi mamá, los sacrificios, el amor, los errores y la entrega total.

Estoy segura que si todos amaramos como mamás, el mundo sería otro. “Love like a mom” es para hacer consciente eso… si el mundo necesita un cambio, está en nosotros hacerlo. Amar como mamás, sin medida, respetar el mundo a nuestro al rededor y ser ejemplo vivo de ello.

Me emociona que este mensaje lo porten, lo usen y transmitan… mas allá de una t-shirt, unirnos como tribu de You got this mom!

Recuerden que el LUNES 21 DE OCTUBRE inicia la pre-venta de las t-shirts aquí: www.shopltbk.com

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¡Gracias!

A mi esposo, por apoyarme siempre en este camino de escribir y transmitir lo que siento y pienso. Por siempre recordarme mi objetivo principal en esto que es compartir para los demás.

A Mariana y Fernanda por inspirarme y convertirme en mamá. Porque todo lo que escribo es para ustedes.

A mi familia y amigos que siempre apoyan lo que hago.

A todas las que me siguen desde siempre y las nuevas también… por hacer de este espacio el suyo.

A Sandra de LTBK por proponerme esta gran idea y trabajar juntas. Por fomentar mas el unirnos y apoyarnos entre mujeres en lugar de separarnos.

Gracias gracias gracias!!!

…you got this mom!

No existen partos perfectos, existen partos positivos

No existen partos perfectos, existen partos positivos
Hola, soy Ale Wise, tengo 28 años y soy de Monterrey. Tengo dos años de casada y un bebé de 5 meses: Gabriel.

Me fui a vivir a Philadelphia cuando tenía 3 meses de embarazo, sin siquiera saber si íbamos a tener al bebé en México o en Estados Unidos. Yo ya me había hecho la idea de que me iba a quedar en Monterrey desde Navidad hasta que naciera mi bebé (en Febrero), ya había investigado los hospitales, lo que se pone para las visitas, y me imaginaba a toda mi familia en el hospital (a mis papás, mi suegra, mi hermana, cuñados, tíos, tías, mis abuelas, etc). Cosa que llegó a estar muy lejana a la realidad.

Por cuestiones del seguro de gastos médicos me era muuuuucho más conveniente tener al bebé en Estados Unidos, y obviamente era la mejor opción para mi esposo. Pero esto también significaba que el nacimiento de mi bebé iba a ser muy diferente a lo que me imaginaba, me sacó completamente de mi zona de confort. Yo no tenía ni idea de los hospitales que existían en Philly, y hasta tenía miedo de tener al bebé en USA debido a anécdotas que había escuchado de gente conocida. Gracias a Dios tuve una amiga que tuvo a su bebé cinco meses antes que yo y me pudo guiar paso a paso en todos los temas médicos (buscar ginecóloga, hospital, clases, etc).

Desde que me embaracé empecé a seguir en Instagram varias cuentas de bloggers embarazadas, y así es como di con Laura Wills, una inglesa que estaba por tener a su tercer bebé un mes después que yo. Un día subió una story recomendando un libro acerca del Hypnobirthing. Ella decía que para su parto pasado había llevado técnicas de esta filosofía y que gracias a eso había tenido un parto súper diferente al primero. Esta fue la primera vez que leí acerca del término. Investigué qué era, y para ser sincera, me parecía un poco ridículo, pero pensé que no tenía nada que perder en informarme más, y en pedir ese libro.

Para mi, la idea de lo que era un parto estaba súper vinculada a lo que veo en películas: gritos, dolor, sudor, desesperación… así que gracias a eso, pensar en el parto me ponía nerviosa. Si a eso le sumaba el hecho de que estaba en un país distinto al mío, y que mi mamá y mi suegra iban a llegar X día apostándole a que naciera por esas fechas, me daba pánico pensar en el día de mi parto.

El hypnobirthing me cambió totalmente mi percepción. Me enseñó cómo mi cuerpo estaba preparándose para eso, que es algo súper natural a lo cual no debía de tenerle miedo. También me enseñó cómo funciona biológicamente, para poder estar un poco más en control de la situación: siempre saber qué estaba pasando. También me incitó a dejar de escuchar historias negativas de otra gente, porque el saber que ‘Ana’ se desgarró, y ‘María’ estuvo horas pujando solo iba a predisponerme a una experiencia negativa (al igual que todo lo que había visto en la tele).

Mi mamá y mi suegra llegaban el 9 de febrero. Yo tenía fecha para el 14 (fecha que me habían adelantado por las medidas en ultrasonido pues según mi LMP -last menstrual period- era para el 17). Desde la semana 37 mi ginecóloga ya me había hecho tacto y me había dicho que estaba 1 cm dilatada y 85% effaced (que a la fecha no se como se traduce al español, pero es lo delgado que se pone el cérvix). Así estuve 2 semanas, hasta mi cita de la semana 39 en que avancé un centímetro. El 8 de febrero me desperté y vi el famoso “bloody show”; enseguida le escribí a mi ginecóloga de Monterrey y me dijo que eso solo significaba que el parto ya era inminente, o sea podía ocurrir desde en 24 horas.

A mi me ponía nerviosa que llegaran las mamás y que el bebé todavía se tardara en nacer, sabía que eso me estresaría más. Pero debido al hypnobirthing yo sabía que las endorfinas son las que aceleran el proceso del parto. O sea estresarme iba a retrasar que iniciara el proceso. Así que desde días antes me ponía a ver cosas que me pusieran de súper buen humor, que me causaran felicidad, y siempre que tuviera un pensamiento estresante, me enfocaba en contrarrestarlo.

Pues ese mismo día en la noche, sentí que se me había roto la fuente. No estaba nada segura porque sentí solo un chorrito y no el “splash” que te cuentan (pero igual, ya sabía que si la cabeza del bebé estaba muy abajo, podía estar tapando y entonces solo cuando se moviera iba a estar saliendo el líquido amniótico). Mi esposo y yo, ahora si nerviosos, buscábamos en internet respuestas para ver si era o no, hasta que se me ocurrió marcarle a mi mamá a ver si ella sabía. La verdad mis papás nos presionaron para irnos al hospital; yo , por alguna razón, no quería ir sin estar segura de que SI era el momento de ir. Aparte de que pensaba que era la fuente, estaba teniendo contracciones seguidas (pero no eran cada 5 minutos ni duraban 1 minuto, y sinceramente, me dolían como cualquier cólico). Esta era la primera vez en todo mi embarazo que tenía contracciones constantes, así que eso de cierta manera me dio seguridad de que podía significar algo. Mi esposo estaba anotando las contracciones con una app del celular. Eran las 11 de la noche.

En el hospital, primero nos pasaron a una salita en donde me conectaron dos monitores: uno para escuchar el corazón del bebé y otro para medir las contracciones. Era en ese cuarto donde me iban a decir si estaba o no en labor de parto. Como era un viernes en la noche, había un solo doctor para 10 personas y ¡se tardó dos horas en llegar a verme! Para cuando llegó mis contracciones habían aumentado en dolor y yo solo rezaba que esto SI fuera el parto real. Aunque a simple vista el doctor pensaba que sí se me había roto la fuente, después de hacer unos estudios resultó que no era líquido amniótico. Sin embargo, me confirmó que ya estaba empezando el labor de parto, que si quería me podía ir a mi casa, o bien, esperarme ahí en ese mismo cuarto hasta que avanzara lo suficiente y me pudieran hospitalizar, pero que por ser madre primeriza probablemente iba a demorar mucho. Mi esposo y yo decidimos quedarnos ahí, sobre todo porque ya tenía 4 cm de dilatación y yo, sabiendo que iba a querer la epidural al llegar a 5 cm, no quería sufrirla de más.

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El doctor tardó dos horas en volver. Claro que al final de estas dos horas ya me dolían horrible las contracciones. Mi esposo estuvo contándomelas todo el tiempo. Al principio estaba contándome chistes, haciéndome reír (para conscientemente producirme endorfinas y así tratar de que el labor de parto progresara) y cuando aumentó el dolor, me insistía en tratar de dormir (aunque claro, solo dormitaba y cada 5 minutos o menos, me doblaba del dolor). Si le preguntas a mi esposo, no hubo un solo grito, lágrima o ninguna palabra para ser sincera, de mi parte. Yo estaba cien por ciento concentrada en imaginarme como con cada contracción estaba acelerando el proceso , mi bebé estaría bajando y yo estaría cada vez más cerca de poderlo conocer.

Al ponerme la epidural fui la más feliz del mundo. El tamaño de la aguja, y todo lo que conlleva la epidural pasó completamente desapercibido; fue lo más irrelevante (probablemente porque lo que yo ya quería era que dejara de dolerme). Después de ese momento hasta mi esposo aprovechó para dormirse (obvio me preguntó antes y pues así de tranquila me vio), pues sabíamos que no quedaba nada más que esperar.

Las enfermeras y la partera me recomendaban tratar de dormir, para descansar y estar tranquila (que volvemos a lo mismo, era lo que iba a permitir que el parto siguiera progresando, como yo ya bien lo sabía). Cada que venían a checarme yo estaba más avanzada, solo que querían esperar a que la fuente se rompiera sola y como nunca sucedió, al llegar a los 10 cm decidimos que mejor ya lo hicieran ellas. Después de esto me dijeron que en algún momento iba a sentir presión y que les hablara.

En lo que esto sucedía, yo me traté de dormir más (ya eran como las 10 de la mañana), y recuerdo que en algún punto ya sentía la presión de la que me habían hablado y yo le decía a mi bebé que se esperara más, que aún no estaba lista, que todavía quería descansar. No se cuánto pasó, pero ya nos despertamos mi esposo y yo, y la partera y la enfermera estaban preparándome para pujar, porque ya había llegado el momento.

Para esto, algo sucedió con la epidural (según yo, solo me habían bajado la dosis para que pudiera tener un poco de control en las piernas, aunque mi esposo dice que me la quitaron), por lo que sentía plenamente las contracciones. Pero estaba tan segura de lo que estaba ocurriendo, que solo me concentré en cómo aliviar ese dolor (que era mantener la pierna lo más pegada a mi abdomen, o sea mi esposo tenía que estar sujetándomela – y volteando hacia arriba porque no quería ver nada jaja) y cómo sentirme mejor (pedía que me trajeran antibacterial para oler). Tras media hora de pujar, que yo ni lo noté, tuve a mi bebé en mis brazos.

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Cuando me pongo a pensar en mi parto, pienso que fue una experiencia completamente positiva, donde sabía lo que estaba ocurriendo aunque no tenía control de la situación, y lo más importante: siempre me sentí en paz. Supe confiar en mi cuerpo, dejar que todo fluyera y pude vivir un momento hermosísimo con mi esposo. Había muchas cosas que honestamente me preocupaban (como por ejemplo estar solos en el hospital mi esposo y yo) y que podían salir mal, pero creo que la preparación que tuve mentalmente gracias al hypnobirthing me ayudó a finalmente experimentar un parto pacífico y positivo, que en el fondo era lo más importante para mí.

Me encantaría decir que no me dolió, pero la realidad es que las contracciones fueron de los dolores más fuerte que he sentido. Y no es que haya tenido un parto con suerte, de hecho, debido a que no me realizaron la episiotomía, tuve un desgarre (que la verdad suena mucho peor de lo que realmente fue). Lo que si fue suerte es que mi bebé haya querido nacer justo el día que llegaban sus abuelas.

Quedé muy feliz de haber dado con el término de hypnobirthing, pues tanto que se prepara nuestro cuerpo para ese momento, tantas clases que tomamos (de lactancia, psicoprofilácticos), pero ¿quién nos prepara mentalmente para lo que vamos a vivir? Creo que esta mentalidad hace toda la diferencia, y hoy, de lo único que me arrepiento, es de no haber indagado más y tomar también un curso aparte del libro. A la próxima que lo requiera, sin duda lo haré.

Para las interesadas, el libro que yo leí se llama “Your Baby, Your Birth” de Hollie de Cruz.

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Mamá. Nueva pareja, ¿Por qué no?

Mamá. Nueva pareja, ¿Por qué no?

Hola, soy Mónica Bárcena Anguiano. Moreliana Tengo 31 años y 3 hijos. ¿Cómo hago todo esto con 3 hijos? Con el apoyo incondicional de mi esposo al que le gusta que cumpla mis metas y sueños, porque el ser mamá no debe impedirlo.

Quiero contarles mi testimonio de que mamá puede tener una vida de pareja cuando no se dio de la manera que esperaba con el papá de sus hijos.

Patricio llegó cuando yo tenía 25 años. Fue un cambio total en mis planes y sueños. Su papá siempre estuvo presente y es un buen papá, sin embargo, ese trance de ser “novio” a ser “cabeza de familia” no se dio.  Esperé siempre la frase: “vámonos a vivir juntos” lo que para mí hubiera sido todo, aunque no tuviéramos nada y empezar de 0, pero eso tampoco pasó.

La vida te pone en el lugar correcto en el momento justo, aunque al principio reproches y sientas miedo al cambio. Por azares del destino, una amiga me contactó para suplirla 15 días en recepción, pero esos 15 días se convirtieron en un año en el cual yo ganaba super poquito, pero me alcanzaba para las necesidades de Patricio. Y ahí fue cuando vi que si se quiere se puede y que hubiéramos hecho muchas cosas como familia, los tres, pero siempre había un “pero”.

Empezó a cansarme esa situación y si me preguntan, una de las decisiones más difíciles ha sido el terminar esa relación. Si es feo cuando no hay hijos de por medio, cuando hay, es horrible. Además de que la gente empieza a hablar y a juzgar: ¿Por qué? ¿Qué va a ser de Patricio? ¿Por qué no aguantas un poco o le echas más ganas? Pero nadie te pregunta: ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas? De hecho, algunos “amigos” se alejaron.

Dos párrafos arriba les decía que la vida te pone en el lugar correcto en el momento justo y ese trabajo me dio la oportunidad de conocer a alguien. Alguien que pronto se convirtió en la persona más importante para mí y con quien he compartido, hasta la fecha, 5 años de los más felices de mi vida. Claro que para llegar hasta aquí fue otro show: la gente vuelve a hablar, tu familia se preocupa, la familia de él no quería conocerme, el tema de los ex, en fin. Aún así, decidimos darnos una oportunidad y hoy, 5 años después de toda esa situación, tenemos una familia muy bonita y grande ya que él tiene 2 hijos de su matrimonio pasado, Patricio, y dos hijos nuestros, y si pudiéramos y la economía lo permitiera tendríamos más jaja ya que él me da la seguridad de que todo va a estar bien, aunque los planes cambien.

Definitivamente no estaba en mis planes toda esta historia, pero ahorita mi vida es mucho más bonita de lo que imaginé. ¡Sí! Soy mamá y al igual que cualquier persona tengo derecho a decir ¡No! Cuando algo no me hace feliz e ir por lo que sí, ya que al estar bien yo, mis hijos están bien.

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Mi hijo Luca

Mi hijo Luca

Mi nombre es Catalina Serna, soy de Monterrey, tengo 32 años y soy mamá de 2, Luca y Eugenia. Tuve a Luca cuando tenia 24 años y a los 3 meses de que nació quedé embarazada de Eugenia.

Luca tuvo un desarrollo adecuado a su edad, se sentó a los 6 meses, gateó los 8 y caminó al año con un mes. A los 11 meses empezó a decir algunas palabras, mamá, papá, leche, agua. Antes de cumplir 1 año nació su hermana. A las pocas semanas dejó de decir las palabras que decía, y muchas veces cuando le hablabas por su nombre, no volteaba. Yo, como mama prácticamente primeriza, supuse que era una consecuencia de su adaptación al nacimiento de su hermana.

Pasaron los meses y empecé a notar que seguía sin decir palabras, seguía sin responder a su nombre y buscaba mucho estar solo. Le encantaba jugar con las llantas de cualquier tipo de juguete, las hacia girar y girar. Le gustaba alinear sus juguetes, por colores, por tamaños y se frustraba mucho cuando no lograba hacerlo como el quería. Luca tenia 1.8 años cuando se me acercó una tía de mi esposo, ella trabaja en el Instituto Nacional de Rehabilitación, y me dijo con mucho cariño que sentía que Luca podía tener algo, y me recomendó llevarlo con un neurólogo en el instituto. Mucha gente que me conoce y conoce mi carácter se sorprendió que no me sintiera ofendida por esto, al contrario, seguí su consejo y fui con el primer doctor. Mi experiencia con ese primer doctor fue desastrosa, fui sola con Luca, sin decirle a nadie, y me topé con un tipo arrogante, sin tacto y que vio a mi hijo 5 minutos y no dudó en decirme todo lo que nunca iba a hacer. Mi recuerdo mas claro de esta junta fue que me dijo “ni siquiera va a poder doblar su ropa”, como si eso fuera a algo a lo que aspiramos en la vida. Cuando salí de ahí, salí tan decepcionada y triste que me costó trabajo seguir admitiendo que algo estaba “diferente” con mi hijo, puse todo en pausa. La verdad es que soy una persona bastante proactiva, así que no me duró mucho la pausa, pero estoy segura que hay personas que, si las tratas así, pueden tener pausas de años, años que son vitales y muy importantes para el desarrollo de un niño. El siguiente paso fue hablar con su pediatra, quien nos dijo que le diéramos tiempo, que todos los niños se desarrollan a su paso y que esperáramos a que tuviera 2 años.

Cuando cumplió los dos años la cosa cambió, el pediatra se empezó a preocupar y nos mandó a que le revisáramos el oído, cuando todo salió en orden, nos mando al primer Neurólogo Infantil. Por casi 2 años, visitamos mas de 5 neurólogos, 5 terapeutas y hasta acabamos en un “brujo”. Cada quien nos dio distintas opiniones, pero nadie se atrevió a darme un diagnostico ya que Luca aun era muy pequeño. La frustración e impotencia que sentimos como papás sabiendo que algo estaba diferente, pero sin saber que era y sin que alguien pudiera darnos alguna respuesta, es algo que no le deseo a nadie.

Me tardé mas de 1 año en decirle a mi mamá y a mi hermana, a quienes les digo todo, que algo estaba pasando con mi hijo, por 1 año nadie tenia idea de todo lo que mi esposo y yo estábamos viviendo, cada quien a su manera. Fueron momentos muy solitarios, de desesperación, de decepción, de culpa. Yo a mis 26 años me sentía culpable, sentía que por mi culpa mi hijo no hablaba, sentía que por mi culpa mi hijo no me quería y no quería a nadie, yo que solamente me dedicaba a mis dos hijos sentía que algo estaba haciendo mal y me hizo dudar de mi capacidad como mamá, de mi calidad como persona. Vivir así causó estragos en mi relación de pareja, me alejé de muchos amigos, me refugié en “mi mundo”. Me costó muchos años asimilar que no es mi culpa, que no hice nada malo, que siempre he hecho todo lo que tenia que hacer y que mis hijos y yo somos afortunados de tenernos.

Fue hasta que nos fuimos a vivir a Barcelona, para que mi esposo estudiara su maestría que me dieron un diagnóstico. Me dijeron que mi hijo Luca tenia “Trastorno del Espectro Autista”. Curiosamente mi reacción fue de alivio. Después de dos años, al fin podía buscar la mejor manera de ayudar a mi hijo, de conectar con el. Para mi en lo personal fue algo que me costó mucho trabajo asimilar, ya que el autismo, y el famoso espectro, tiene muy poca información concreta. Es un término bastante amplio, con miles de variaciones y al final, ningún niño en el espectro es igual a otro. De inmediato me inscribí a un congreso de autismo en España y empecé a buscar diferentes opciones para ayudar a mi hijo.

Cuando llegó el tiempo de regresar a México, me tope con muchos obstáculos  para conseguir escuela, terapias, etc. En México ni siquiera existen cifras oficiales de la prevalencia del autismo por ende, mucha gente no conoce sobre el tema.

El autismo es algo difícil de explicar, ya que ni los expertos coinciden en la definición. Para mi, Catalina, mamá de Luca, el autismo es una manera diferente de funcionar, es una manera distinta de ver la vida, de entender comportamientos, de expresar emociones.  

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Cuando decidí hablar sobre Luca, a hablar sobre el autismo, lo hice con la intención de que nadie tenga que pasar por lo que yo pasé, de que las mamás y papás no se sientan solos, no se sientan culpables y que sepan que aunque a veces algo así parece el fin del mundo, es una oportunidad de vivir la vida completamente diferente. Yo no cambiaría a mi hijo por nadie, su forma de ser y de ver el mundo me ha cambiado completamente y es algo que yo le agradezco todos los días.

Los invito a informarse sobre el autismo, a no formar prejuicios en nuestros hijos sobre algo que no conocemos. A dejar de juzgar a esa mamá o papá que tiene a su hijo llorando sin control en el piso y no puede hacer nada para calmarlo, que no juzguen a aquel niño que en pleno centro comercial esta acostado en el suelo viendo el techo, o dando vueltas, o brincando sin importarle lo que sucede a su alrededor. Tenemos que empezar a ver a los que nos rodean, a entender que todos somos diferentes y a celebrar esas diferencias.  

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Nuevo año, nuevas metas

Nuevo año, nuevas metas

Y de pronto pasó un año mas… ¿en que momento? Jaja creo que cada vez el tiempo se pasa mas rápido, y todavía siento que muchos propósitos que tenía para el 2018 no los terminé… ¿te sientes igual?

Muchos años me he propuesto metas que no son tan factibles, y ¿a que me refiero con esto?, a que solo lo pienso mientras me atraganto de uvas y después lo dejo olvidado en solo una idea, y no hice nada por llevarlo a cabo.

Este año, decidí proponerme cosas que realmente se que puedo alcanzar. Muchas veces nos ponemos metas muy altas (y no digo que no soñemos en grande) pero por ejemplo… si eres una persona que JAMÁS hace ejercicio, tal vez tu meta no sea correr un maratón, si no… entrenar para un 5k y de ahi un 10k y de ahí 20k y así te vas, con metas a corto plazo para llegar a una a largo plazo.

Este año será muy diferente para mi. Renuncié a mi trabajo para poder dedicarme 100% a mis proyectos personales y a Mariana, algo que JAMÁS hubiera imaginado el año pasado, así que necesito ponerme metas a corto plazo para no volverme loca y poder hacer realidad mis proyectos.

Para conocer realmente que propósitos quisieras cumplir te propongo lo siguiente:

  1. Piensa en las cosas por las que estas agradecida y feliz. Muchas veces nos quejamos por lo que no tenemos y existen mas que SI tenemos.
  2. Haz una lista de 5 cosas positivas en ti
  3. Haz una lista de 3 – 5 cosas que te gustaría cambiar
  4. De esta última lista, escribe el ¿Como lo puedo hacer?
  5. Y por último, escribe una fecha tentativa para cada uno de tus propósitos y saber cuales son prioridad.

Teniendo un orden en nuestra mente y metas, podremos llegar mucho más lejos con lo que nos proponemos.

Espero que este 2019 esté lleno de muchas cosas buenas para todas, salud, amor, crecimiento personal y todos los días aprender a ser una mejor mamá para nuestros hijos.

¡Feliz año nuevo!

…you got this mom!

Introducción de alimentos

Ya empezó la parte con más mugrero en el día, pero la más divertida: la hora de comer.

Al cumplir los 6 meses, comienza la introducción a los alimentos sólidos. Muchos bebés empiezan antes, esto puedes consultarlo con tu pediatra, ya que hay varios signos de que tu bebé ya está listo para iniciar esta etapa:

  • Puede sentarse e inclinarse hacia adelante
  • Mantiene su cabeza firme
  • Abre su boca cuando le ofreces comida
  • Muestra interés al ver que otros están comiendo
  • Muestra hambre acercándose al alimento, y saciedad

Si ya cumple con todos estos puntos, ¡tu bebé ya está listo para empezar!

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Debes prepararte sabiendo los diferentes métodos que hay para iniciar la alimentación de tu bebé y cual se adapta mejor a tus necesidades.

Existen 3 tipos:

  • Método tradicional (iniciando con papillas y después alimentos en trocitos)
  • Baby Led-Weaning (BLW) que se basa en introducir los alimentos en trozos grandes para que tu bebé agarre el alimento y el solo explore su textura y sabor.
  • BLISS es una mezcla entre el método tradicional y el BLW, enfocándose en alimentos ricos en hierro y energía.

Conociendo esto, puedes elegir la mejor opción para ti y tu bebé.

Te platico esto porque en mi caso, a mi me encanta la opción del BLW porque ayuda con su motricidad fina y ella sola decide cuanto quiere comer, pero no puedo hacerlo todos los días ya que Mariana va a la guardería y ahí es más difícil aplicar este método porque debes vigilar 100% a tu bebé para que no ocurra un accidente.

Entonces después de platicar con mi pediatra y algunas nutriólogas, me recomendaron hacer el BLW cuando estuviera en casa y papillas en la guardería.

Muchas veces nosotros creemos que ellos por estar chiquitos no saben que hacer, pero son más inteligentes de lo que creemos y pueden decidir cuanto comer.

Me encanta y disfruto mucho como le da curiosidad la comida, su sabor y texturas. ¡Es una etapa de la cual estoy enamorada! Aunque sea mucho tiradero, disfruto mucho esos momentos con ella.

Así que infórmate sobre el tema y decide lo mejor para ti y tu bebé. Por ejemplo, si tu eres una persona muy nerviosa y vas a estar gritándole estresada a tu bebé mientras come por miedo a que tenga un accidente, mejor no intentes el BLW, porque tu bebé puede asociar la hora de comer como algo negativo y después no va a querer hacerlo.

El BLW es un método para practicar más nuestra paciencia (jaja si todavía más!!!) pero a ellos les encanta y ver sus reacciones ante la comida es muy divertido.

Lo que decidas está bien, siempre y cuando tu y tu bebé se sientan a gusto y felices de empezar a probar.
No dejes de platicarnos tu experiencia y que es lo que mejor te ha servido a ti en esta etapa, ¡lo mejor es aprender entre todas!

…you got this mom!

¿Una mala mamá?

Hace poco una mamá me escribió contándome un problema que tenía con su bebé y que no podía darle pecho. Después de haber tenido una lactancia exitosa con su primer hijo, sentía que le había fallado al segundo. Me escribió: “siento que soy una mala mamá” y me impresionó lo fuerte de estas palabras porque muchas de nosotras constantemente lo pensamos o decimos.

mMe incluyo totalmente en el tema, porque lo he pensado más de una vez. Y es que en mi caso Mariana ya no está conmigo 24/7, tengo que dejarla en la guardería mientras mi esposo y yo trabajamos, y cada vez que la dejo siento que soy la peor mamá del mundo. ¿Pero por qué? ¿por qué nos juzgamos nosotras mismas?

Creo que todo esto tiene que ver con que nos comparamos con quien queremos ser, o vemos la vida de otra mamá y queremos tener lo que vemos. Si ella tiene más posibilidades económicas, más tiempo con sus hijos, una rutina establecida, tiempo para ella, o cualquier otra cosa… pero es que ninguna mamá es perfecta. Ninguna vive su día a día con todo bajo control, sin un problema o imprevisto.

Algunas se quedan en casa con sus hijos y las tachamos de flojas, otras nos vamos a trabajar y nos tachan de despreocupadas. Unas no les dan dulces a sus hijos y optan por una alimentación más sana, y otras no les molesta si su hijo come un gansito o cualquier dulce y creemos que son irresponsables. Algunas le dan pecho a sus hijos, unas más tiempo que otras y las tachamos de raras; otras le dan fórmula porque no pudieron amamantar y las vemos mal por no haber intentado o haberse “rendido”; y así hay un sin fin de puntos de vista…

Dejemos de juzgar y juzgarnos a nosotras mismas. Estoy segura que todas damos el 101% de nuestras energías y amor por nuestros hijos, y siempre buscamos lo mejor para ellos.

Les dejo un link a este video que me gustó mucho, donde podemos ver un ejemplo más claro de lo que hablo y como todas al final buscamos lo mismo. Recuerda que eres una excelente mamá y no hay razón para compararte con las demás.

…you got this mom!