Bebé estrella

Bebé estrella

Soy Melissa González, esposa de César Tamez y mamá de un bebé estrella y de César. Tengo 28 años y soy de Monterrey.

En este mes de Octubre se honra y recuerda a todos aquellos bebés y embarazos perdidos. Esta es, sin duda una de las experiencias más difíciles y dolorosas que una familia puede vivir y es por eso que quise compartir mi experiencia, para que otras parejas que estén pasando por esto no se sientan solas y que tengan la confianza de que hay luz después de la tormenta.

Mi esposo y yo nos casamos en el 2016, después de 8 años de novios, él de 24 años y yo de 25, la mejor decisión de mi vida. 

Nuestro deseo desde novios era ser papás pero al mismo tiempo queríamos esperarnos un poco de tiempo para ese momento. Disfrutamos al máximo dos años y se llegó el día en el que dijimos “Estamos listos”.

Todo fluyó excelente, ¡Me embaracé en el primer mes! No lo podíamos creer y la felicidad y expectativas eran tan grandes. 

Desde que te enteras empiezan los planes, las ilusiones, revisar fechas, planear qué se va a comprar, compartir la noticia con tus familiares y amigos etc. Y nunca NUNCA esperas que tú serás una de las tantas historias que escuchas de la amiga, de la hermana, de la prima… OBVIO a mí no me va a tocar, más bien, nisiquiera lo piensas, no es opción.

A mis 12 semanas, en la madrugada antes de mi cita del mes, comencé con sangrado. Al siguiente día por la mañana fuimos con el doctor y OH sorpresa, no estábamos listos para escuchar esa noticia. Nunca olvido las palabras del doctor: “El saco se colapsó”

Yo solo pregunté ¿Y eso qué es? Con esperanza que me dijera que ocuparía tal vez alguna medicina, reposo o cualquier otra cosa menos lo que terminamos escuchando: “Su bebé ya no creció desde la ultima vez que vinieron, lo siento”. Las palabras más fuertes y dolorosas que he escuchado. En un segundo se rompe toda expectativa, ilusión y deseo que pudiste haber tenido, en pocas palabras: Se te viene el mundo encima. A todo esto se le agrega ver el dolor de tu esposo y compartir con él lo que sólo TÚ y ÉL pueden llegar a sentir en esos momentos. Y sí, me di cuenta que él también lloraba y él también sufría y eso me hacía la pena aún mayor, quererlo animar pero no poder por compartir el mismo dolor. Esto nos ayudó a crecer como pareja, a amarnos y comprendernos más y a conocernos en un ámbito de la vida en el que nunca nos había tocado estar. Al final del día ya compartíamos lo más grande y hermoso de la vida, nuestro sueño de ser papás que aunque había durado solamente 12 semanas, para nosotros fueron las más maravillosas. 

César: Gracias por tus palabras, tus abrazos y tu amor en esos momentos. Fuiste TODO para mí para salir adelante. 

Por otro lado, la mente es tu peor enemigo. Las dudas, preguntas y miedos son lo que más difícil hacen esta etapa de duelo. ¿Por qué a mí? ¿Habré hecho algo mal? ¿No me cuide lo suficiente para mi bebé? Tal vez no debí de haber ido a caminar, comido esto, cargado aquello.. Y como mamá primeriza ¿Nunca me voy a poder embarazar? ¿Me tardaré años en lograrlo? ¿Me va a volver a pasar?

Lo más importante que aprendí de esta experiencia fue a entender y ser empática con mujeres que han pasado por esto. Y no importa si tenían 5, 20, 30 semanas de embarazo, es su bebé y sólo la que pasa por eso puede entender realmente el sentimiento. Evitemos los comentarios como “Ahh no pasa nada, tenías poquito” “No llores, ya verás que te embarazas rápido otra vez”, etc. 

Tan solo 3 meses después, me volví a embarazar y todo fluyó excelente. Hoy, un año y medio después, soy mamá de César, es sin duda lo mejor que me ha pasado en la vida. Algo que ni en mi más grande sueño me llegué a imaginar. Y aunque nunca se olvida y aún duele, me queda claro que llega la calma, la luz y las respuestas a tantas preguntas. 

Una gran amiga me dijo en su momento y nunca lo olvidaré: “Esta experiencia es una razón más para aspirar llegar al cielo.. para conocer su carita algún día” Y sí, tengo mi fe fuertemente puesta en estas palabras. Algún día conoceré y abrazaré a mi chiquit@.

A tí mamá que pasaste por esto, comparto tu dolor, entiendo tus pensamientos y miedos. No estás sola. No pierdas la esperanza. Sigue adelante y pronto, muy pronto recibirás la sorpresa más grande y hermosa de tu vida.

Con todo mi corazón a mi primer bebé:

Te pedí con mi fuerza al universo,

Te escribí en un par de versos que mandé volando al cielo.

Te pedí, te soñé y te amé sin conocerte.

Mis abrazos te llamaban a un ladito de la cama.

Te soñé, presentí cada día tu mirada, tu llegada.

¡Te amo!

ygtm

Mis pérdidas de embarazo

Mis pérdidas de embarazo

Tengo 36 años, tengo una niña de 3, y 4 años de casada. Me embaracé a los 6 meses después de casarme. Mi primer embarazo fue muy normal y sano, tuve algunos síntomas los primeros 3 meses pero muy leve y muy normal. A las 39 semanas, en marzo de 2016, nació nuestra primer hija por parto natural.

Después de 1 año y medio mas o menos, de disfrutar, de aprender, de no dormir, de cambios todos los días; sentimos que todo ya estaba mas estable entre nosotros como familia, empezamos a buscar otro embarazo,  

En abril del 2018 me hice una prueba casera y dio positiva. Estábamos muy contentos, y esta vez estaba mas relajada, pues ya no era algo nuevo, era algo por lo que ya había pasado y de cierta forma yo creía, muy ingenuamente, que sabía mas o menos a lo que iba. Pudimos confirmar el embarazo con un ultrasonido en la semana 6. En nuestra siguiente cita íbamos muy contentos y yo iba desesperada/emocionada por escuchar el latido de mi bebé. Estaba súper feliz porque no tenía ningún síntoma y no dejaba de pensar que tal vez sería niño, porque según yo era un embarazo diferente, (y vaya que lo era). El doctor nos recibió y nos felicitó, me pesó, tomó mis datos y me pasó a hacer el ultrasonido, me paso varias veces el transductor hasta que de repente el doctor hizo un ruido como de negación y ya yo me quede pensando y después de un buen rato nos dijo que no encontraba latido, me quede estática, no sabía que pensar, como reaccionar, que preguntar, que decir, no sabía si llorar, no sabía que estaba pasando. El doctor nos dijo que le dolía mucho darnos esa noticia, que era algo que lamentablemente pasaba mucho y que no se podía hacer nada, nos pidió ir a un hospital con un radiólogo experto en radiología de la mujer para confirmar el diagnóstico. 

Salimos del consultorio y le hablé a mi papá, quien es cirujano, y le explique lo que estaba pasando, me dijo que nos veía en el hospital y en el camino yo iba rezando y poniendo todo en manos de Dios, iba tranquila, esperando que fuera un error, pero como se imaginan a estas alturas, no lo fue.

Llegamos al hospital, el radiólogo me hizo un ultrasonido vaginal y nos confirmó la mala noticia. Nuestro bebe ya no tenía latido, el diagnóstico: huevo muerto retenido de 9 semanas. Seguía en shock, me dolía pero estaba en shock, y no tenía ninguna reacción. Volvimos con el doctor y nos dijo que había dos opciones, esperar a que mi cuerpo expulsara el producto o tomar unas pastillas para dilatar el útero y practicar un legrado. Estuve con el medicamento 5 o 6 días y no me hicieron efecto, nunca tuve cólico ni sangrado. El doctor me revisó y me dijo que ya podía trabajar, entonces programamos el legrado para ese día en la noche, 6 de Junio 2018. 

Todos estos días fueron difíciles, yo tenia a mi bebé muerto adentro de mi y me lo tenían que sacar, pero no se porque estaba de cierta forma tranquila, obviamente estaba triste y me dolía, porque sabía cual era la realidad, pero al mismo tiempo sentía que estaba viviendo en una fantasía, en un mundo paralelo o no se, que nada de lo que veía estaba pasando. 

Nos fuimos al hospital, me puse la bata, me pusieron el suero, me acostaron en la camilla y ahí estuve con mi esposo, mi papá, y mi ginecólogo a un lado de mi todo el tiempo, esperando que el quirófano, estuviera listo. Por fin llego la hora y en ese momento me puse muy nerviosa, tenia mucho miedo, nunca me habían operado, solo había entrado a quirófano cuando tuve a mi bebé e iba de lo mas tranquila, pues para mi era algo natural lo que estaba pasando y dentro de la euforia no sentí miedo de nada. Esta vez fue diferente, sentía mucho miedo, sentía que me iba a morir literal, quería despedirme de mi esposo y decirle que cuidara a nuestra hija, ¿suena dramático no? Pero es un sentimiento real, no lo hice obviamente, me apaniqué, solo cruce miradas con el y con mi papá y fue todo.  

Ya en el quirófano todo estuvo bien. Las enfermeras y los doctores me cuidaron mucho, el anestesiólogo me acariciaba la frente y me decía que todo iba a salir bien. Yo estaba inmóvil, llorando sin parar, viendo las lámparas del quirófano y pensando que no quería estar ahí, que no quería estar viviendo eso. La anestesia no me dolió, y el procedimiento tampoco obviamente, pero me sentía destrozada por dentro, sentía un hoyo en el pecho, no quería estar ahí, no quería estar pasando por eso, pero tenia que hacerlo, era algo por lo que tenia que pasar y no había nada que hacer para cambiarlo. El legrado terminó rápido, como en 20 minutos, me pasaron a recuperación a que se me pasara la anestesia, fue desesperante porque no me podía mover y estaba cansada. Por fin me pude sentar y fue cuando le dije a mi papá que ya me quería ir a mi casa. Me sacaron en silla de ruedas, como ya era de madrugada llegué directo a mi casa a dormir. Dormí muy bien la verdad, creo que estaba agotada después de tanto estrés y tantas emociones. 

Mi recuperación física fue muy rápida, no tuve sangrado ni ninguna molestia. Pero la recuperación emocional aun está en proceso. Es un dolor como pausado, no lo veo, no pienso en eso todo el tiempo, pero si guardo un poco de silencio, o si pongo atención, me doy cuenta que ahí lo tengo… que es una presión en el pecho, que es un hueco literal y que sigue doliendo mucho, igual que el primer día.

Es un dolor que creo que siempre me va a acompañar, porque fue una ilusión que tuve, que viví, y de un día a otro me dijeron que ya no existía, es el dolor de un hijo o una hija con que soñamos, que deseamos e imaginamos por poco tiempo, y que lo sentimos tan real y al final ¿que? Nada. No supimos si seria niño o niña, no le pusimos un nombre, nada. Yo creo firmemente en Dios y confío en el, tanto así que nunca le pedí con todas mis fuerzas que lo que estaba pasando no fuera verdad, me puse en sus manos y puse en sus manos a mi bebé, y desde antes de que nos confirmaran el diagnóstico se lo entregue.

Mi doctor nos recomendó esperar 6 meses para un nuevo embarazo y creo que estuvo perfecto, antes yo no me hubiera sentido lista emocionalmente. Pero las cosas se acomodan y para diciembre yo ya me sentía mejor, tenía ganas de volver a intentar. 

A principios de febrero, me hice una prueba casera y salió positiva. No sabia que sentir, no sabía que pensar, no sabía si compartir la noticia o esperarme, pero pensaba que si no le decía a nadie era como hacerlo por miedo y si compartía la noticia con nuestras familias pensaba que eso me iba a motivar y me iba a ayudar a pensar positivo, lo platique con mi esposo y el estuvo de acuerdo y me apoyo, ese mismo día dimos la noticia. 

Los demás días pasaron normal, sentía nauseas y muy inflamada y uno que otro cólico por lo que mi papá me dijo que no esperara e hiciera una cita con el ginecólogo. Fuimos a la cita y me hizo un ultrasonido y apenas pudimos ver lo que parecía ser el saco gestacional, lo cual era normal para las 5 semanas de embarazo que tenía. Estuve tomando progesterona y en mucho reposo. Me la pasaba acostada casi todo el tiempo, porque si duraba mucho tiempo parada o haciendo cualquier actividad por mas mínimo que fuera el esfuerzo yo empezaba a sentir dolor, no era dolor fuerte, pero era dolor, entonces por precaución estuve en reposo casi 4 semanas. 

Cuando me tocó cita para un segundo ultrasonido iba emocionada porque sabía que ya escucharíamos el latido del bebé, pero oh sorpresa… en el ultrasonido el doctor vio que no había embrión, solo saco gestacional. 

Por las semanas que tenía de embarazo no era normal, nos pidió tomar una segunda opinión y así lo hicimos. Al día siguiente fuimos con otro ginecólogo y nos confirmó la noticia, mi embarazo era anembrionado, y la verdad me sentía en una película…no podía creerlo, ¿como era posible que me pasara eso otra vez? 

La primera vez el doctor nos dijo que era algo muy común, por lo que muchas mujeres pasan, pero pensé que era algo que no volvería a pasar, mas porque ya había tenido un embarazo normal y que gracias a Dios había salido todo bien. Pero no, ahí estaba teniendo mi segunda pérdida. Me iban a tener que hacer otro legrado, volver a pasar por lo mismo. Raramente esta vez estaba mas tranquila, súper triste claro, pero mas relajada, porque con mi primera pérdida me traumó el echo de tener a mi bebe muerto dentro de mi, que me lo sacaran y lo tiraran a la basura, y así es, no hay otras palabras para decirlo, es horrible pero es la realidad. Esta vez no había bebé, clínicamente no había un embarazo, porque no hubo embrión, pero si era una pérdida, porque tuvimos otra vez la esperanza y la ilusión.

Volví a tomar el medicamento para dilatar el útero por 10 días y no me hizo efecto, me hicieron el legrado y fue mas rápido todo, la recuperación física y emocional pero esta vez también fue muy cansado, el estrés fue mucho. 

A los meses decidimos buscar un ginecólogo perinatólogo, el cual es un especialista en medicina materno-fetal, se encargan de la evaluación y tratamiento de embarazos de alto riesgo y de alteraciones fetales. Tomamos esta decisión porque nos dijeron que no había una explicación para las otras pérdidas que tuve, que normalmente es una selección de la naturaleza cuando el producto no viene bien, entonces el cuerpo lo deshecha, lo aborta. Normalmente te recomiendan ir con un perinatólogo cuando tienes 3 o mas pérdidas, pero nosotros no quisimos esperarnos a tener una tercera. 

El ginecólogo perinatólogo nos dijo que para diagnosticar o para decir que existe Pérdida Recurrente del Embarazo, se tienen que tener 3 o mas pérdidas, y que yo solo había tenido una, clínicamente hablando, pues mi segunda pérdida no había sido un embarazo. Que es algo que pasa, que no hay explicación, no hay como predecir si va a volver a pasar o no, pero que lo bueno era que yo ya tenia un antecedente de un embarazo normal y que el pensaba que podía volver a intentarlo sin ningún miedo. Me mandó a hacer unos análisis y me dijo que si el veía todo bien en los resultados, podíamos buscar otro embarazo dentro de 3 meses. Salimos de la cita y la verdad salí feliz, porque lo que nos había dicho eran buenas noticias, todo indicaba estar bien y así ha sido hasta el momento. Me hice los análisis y todo salió muy bien. Entonces por hoy en eso estamos, dando gracias a Dios de que todo esta bien, agradeciendo y disfrutando lo que tenemos hoy. 

Espero que el estar escribiendo y compartiendo mi historia le sirva a alguien, si es así por favor escríbanme. Me daría mucho gusto saber que alguien se sintió identificada o identificado y que contar mi experiencia sirvió para algo. Se lo que se siente perder un embarazo, a un hijo, se que es un dolor que nadie comprende, es algo que solo entiende quien lo esta viviendo, pero no somos las únicas mamás, ni los únicos papás a los que le pasa.

Ojalá este tema fuera algo de lo que se hablara mas y que hubiera mas consciencia y mas educación sobre como tratar el tema, como apoyar a quien esta pasando por algo así, porque la gente hace como que no pasó nada.

La gente te dice “no importa, eres joven, puedes volver a intentarlo”, y si, puedes volver a intentarlo pero porque piensan que “poder” es igual a “querer” el que pueda volver a embarazarme no quiere decir que este lista para volver a perder a otro bebe, o que no tenga dudas al respecto, y quien decide volver a intentarlo no es mas valiente que quien decide no hacerlo de nuevo. Hay que ser mas empáticos entre nosotros, y si conoces a alguien que ha pasado por esto dile que le apoyas, que le acompañas en su dolor, que si quiere hablar al respecto estas para escucharla, abrázala, dale tu hombro para que llore, lo que sea, pero no hagas como que no paso nada, no minimices su pérdida.

ygtm

Cuando eres agradecido, todo cambia.

Cuando eres agradecido, todo cambia.

Mi proceso de maternidad ha sido muy diferente al que yo imaginé cuando apenas era una adolescente y soñaba con algún día convertirme en madre. Me casé a los 23 años de edad y no estaba en nuestros planes a corto plazo el ser padres. No fue hasta después de cuatro años de casados que decidimos buscar un embarazo. Estuve en varios tratamientos de fertilidad ya que era casi imposible que yo quedara embarazada debido a una serie de diagnósticos que yo ni sabía que padecía. Fue un camino difícil en el que yo tuve que aprender a esperar el tiempo perfecto de Dios. Recuerdo muy bien un día después de haberlo intentado casi todo, me rendí de vivir pensando todos los días en cuando iba a estar embarazada y decidí vivir agradecida. Puse mi enfoque en lo que si tenía y en confiar en que mi momento llegaría. Mi perspectiva cambió y lo dejé todo en manos de Dios. No pasó mucho tiempo cuando mi doctor sugirió intentar una vez más y esta vez todo fue diferente. Para nuestra sorpresa, quedé embarazada de cuatrillizos. Sentíamos una emoción que no podíamos con ella, que aún recibiendo estadísticas de todo lo que podía salir mal con mi embarazo y los bebés, nada nos detenía el estar agradecidos con Dios por esta gran bendición. Mi momento había llegado y mi actitud fue clave en mi embarazo. Siempre creí que Dios me había dado a mis cuatro bebés y Èl tendría cuidado de ellos hasta la semana perfecta en la que ellos nacerían. Mi embarazo  se podría decir que fue muy normal, obviamente me atendieron especialistas en múltiples, y llegué hasta la semana 34 sin ninguna complicación. Lo más difícil fue cargar con mi panza, que como se podrán imaginar era enorme pero no me importaba con tal de que nacieran fuertes y sanos los cuatro. 

Ya que nacieron los bebés y gracias a Dios todo perfecto, mi esposo y yo nos enfrentamos a un reto más grande que fue el cuidar 24/7 de cuatro bebés prematuros al mismo tiempo. De nuevo, me aferré a vivir agradecida porque estaba cumpliendo mi sueño de ser mami y aunque el cansancio era extremo ya que nos tardábamos una eternidad para darle de comer a todos los bebés cada tres a cuatro horas, lo hacía feliz sabiendo que era una etapa que pasaría. Leí y escuché a varias mamás hablar de lo que es la depresión post parto, ansiedad, muchos cambios hormonales y sé que es algo muy real que le pasa a muchas mujeres. Así que siempre estuve consciente de mis emociones y la clave fue el apoyo de mi esposo. Él estuvo día y noche conmigo durante un par de meses gracias a que tiene muy buenas prestaciones en su trabajo y nunca me sentí sola. También aprendí a aceptar ayuda de mi familia y a entender que yo sola no podía cuidar a cuatro bebés. Siempre trataba de buscar un tiempo para mi durante el día para orar y para hacer algo que me hiciera sentir bien. Es muy fácil dejar tu bienestar a un lado y dar todo por tu bebé ya sea tengas uno o cuatro, ya que demandan casi todo tu tiempo, pero no puedes dar lo mejor de ti si no te cuidas primero tú. 

Mi vida cambió radicalmente en todos los sentidos, económicamente, físicamente, emocionalmente pero espiritualmente mucho más. No solamente experimenté ver crecer cuatro milagros dentro de mi pero el poder verlos crecer día con día, ver sus avances, sus primeras palabras, sus primeros pasos, me llena de agradecimiento y me recuerda todas las veces que yo le pedí a Dios un hijo. No te voy a mentir, el cansancio es algo inexplicable, me ha costado muchísimo todas las desveladas, dolor de espalda por tratar de cargarlos a todos, cansancio físico de estar activa todo el día atrás de ellos, lavar ropa todos los días, lavar biberones, cambiar más de 20 pañales al día, prepararles todas sus comidas, que se enfermen todos al mismo tiempo, etc. Y si puedo llegar a estresarme y decir ya no puedo más, pero basta con solo voltear a ver sus caritas y todo vale la pena. Siempre que me dicen que tengo mucho trabajo al ser mamá de cuatrillizos, yo contesto si, pero es mucho más el amor multiplicado por 4. En días difíciles es cuando aún más recuerdo lo agradecida que estoy de poder vivir esta increíble experiencia de ser mamá de cuatrillizos.

ygtmm

 

Sueño y maternidad

Sueño y maternidad

Hola, soy Anapau Garza Lagüera tengo 30 años y soy de Monterrey. Me gradué como psicóloga y terminé mi maestría embarazada de Adrián mi primer hijo, quién me llevó a encontrar mi profesión y vocación. A los 9 meses nos dimos cuenta que venía bebé número dos, Alejandro. Hoy Adrián tiene 3 años, Ale tiene 1.5 años y mi esposo y yo cumplimos 5 años de casados y 10 de novios!

@elva.mx10Yo empecé mi maternidad muy emocionada y dentro de lo que cabe “preparada” para recibir a mi bebé. Soy apasionada del estudio y la ciencia y leí mucho antes de su llegada para hacer todo con las mejores herramientas disponibles. Me preparé para tener parto natural sin anestesia por todos los beneficios que esto le daría a mi bebé, me preparé para tener éxito en mi lactancia etc. y todo lo iba logrando de maravilla.

Las cosas iban fluyendo como lo había planeado y las demandas según me había preparado, excepto por un pequeño detalle, Adrián crecía y crecía y no dormía. Una noche llegué a contar hasta 12 despertares, lo que en realidad equivale a no dormir para nada. Así como las noches, los días eran igualmente desafiantes, no lograba que durmiera sus siestas si no era arriba de mi y duraban poco. Sobre este tema en particular, no me había informado antes, me parecía obvio que al paso de unos meses, el bebé dormiría porque “es lo normal”, pero no fue el caso.

Después de 6 meses de no dormir NADA, mi esposo y yo nos decidimos por entrenar el sueño de Adrián, lo que en mi cabeza sonaba terrible, pero el agotamiento producto de la privación de sueño tan grande, ya no nos dejaba más opciones para seguir adelante… y entonces la vida cambió!

Entrenar fue un reto, pero el método que utilizamos era gradual, era gentil y de acompañamiento, y de verdad, lo hicimos con todo nuestro amor. Los resultados fueron la evidencia más grande de que habíamos hecho lo correcto, mi esposo y yo estábamos otra vez sanos, descansados, mi bebé también, podía dormir sin frustración, sin enojo y descansar bien de día y de noche.

Esta transformación me llevó a darme cuenta que en la rigidez y el perfeccionismo no iba a encontrar las respuestas a mi maternidad, sino en la flexibilidad y el uso del criterio. No hay medallas de honor a la mamá más agotada o privada de sueño. Esto también me llevó a encontrar mi vocación; apoyar a mamás que como yo, quisieran ayudar a sus hijos a dormir pero con estrategias amorosas, que cuidaran el vínculo madre-hijo, pero también tomaran en cuenta la salud mental de los padres que es tan ignorada en algunas posturas radicales.

@elva.mx3Mi misión hoy como asesora del sueño infantil, además de ayudar a todos esos niños a descansar adecuadamente para su desarrollo óptimo, es apoyar a esas mamás agotadas y desesperadas, que tiene miedo y culpa al pensar en hacer cambios en el sueño de sus hijos. Yo estoy aquí para decirles que no están solas, que es un reto enorme y que si lo enfrentan la vida les cambiará para bien, porque unos papás descansados son papás que tienen ganas de entregarse a sus hijos, de convivir, de jugar.

Por otro lado, unos papás agotados, son papás que quieren dormir y no les quedan ánimos de convivir y pasar tiempo de calidad con sus hijos, y créanme que la evidencia científica nos indica que esto impacta mucho más en el apego que  lo que pueden impactar un par de noches de entrenamiento (hablando específicamente de mis métodos, no métodos de dejarlos llorar solos). El apego surge sobre todo en la convivencia, el contacto piel con piel, el contacto visual, en responder a sus necesidades y acompañar.

Ser una mamá “descansada” (dentro de lo que es realista) me ha permitido cumplir con muchas otras metas  y retos de la maternidad, como darle pecho 1 año a cada uno de mis hijos (que sin dormir, habría desistido por la frustración y agotamiento), me ha dado energías para jugar, convivir en verdad y hasta para crear mi negocio y proyecto de vida. El autocuidado, además de ser indispensable, es también una enseñanza valiosa a dejarles a nuestros hijos. Primero tienes que estar bien tú para poder apoyar a los demás.

No nos tenemos que resignar a una vida de agotamiento, desánimo y frustración… la felicidad no es la meta, es el camino por el que quieres andar rumbo a tus metas y por el que quieres que tus hijos caminen también. ¡No dejes de hacer lo que necesitas para permitirles ser felices juntos!

YGTHAP

La culpa

La culpa

Hola, soy Nay V. Tengo 29 años y soy de Tijuana. Tengo 6 años de casada y 2 hijos, mi familia son mi pasión, por ellos trato de encontrar el balance y disfrutar cada momento. Me apasiona escribir así que hoy aquí me tienen con este tema que yo misma experimente y quiero compartirlo con otras mamas para apoyarnos.

Por: Nay V|Madre Neta

Tengo tan presente el día que me enteré que estaba embaraza por segunda vez, 10:00 de la noche y un resultado positivo, después de 5 meses de esperar esa noticia finalmente llego y no podíamos estar más felices, no me la creía y no me cabía en el cuerpo tanta dicha. No les miento fueron meses de nervios y de inmensa ilusión, me imaginaba ese instante y solo pensaba como le daría la noticia a mi esposo, familia y amistades. Tenía tantas ideas, planes, en fin, muchas expectativas puestas en esta nueva experiencia que viviríamos, de pronto y para mi sorpresa me sentía diferente, esta vez era distinta a la primera. Aun cuando me invadía una profunda alegría, era inevitable sentir ese dulce amargo, esa sensación que honestamente nunca me imaginé sentirla recibiendo tan maravillosa noticia.

“Culpa” eso era lo que sentía, y odiaba tener que lidiar con ella, pero no estaba en mi recibirla simplemente me llego sin invitación y me tambaleo en el momento. Veía a mi hijo y me invadía entera, pensaba que yo le estaba quitando su lugar, que al desear agrandar nuestra familia yo misma lo desplazaba de lo que para el por 3 años había sido su mundo perfecto. Se que alguna mamá me entiende o se identifica conmigo, por años mi hijo había sido el centro de nuestro universo, el primer hijo, el primer nieto, ¿Ustedes se lo pueden imaginar? para mí eso era suficiente para sentirme culpable.

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Con el paso de los meses empecé a entender que era parte de la etapa que estaba viviendo, digamos que lo interprete y acepte como un proceso normal o natural que muchas madres vivimos, realmente una mamá vive su maternidad con culpas, desde lo más sencillo hasta lo más complejo, pero vamos por este camino cargando con un costal de sentimientos que nos nacen desde ese amor tan inmenso, tan fuerte que solo una madre puede sentir, desde el deseo de estar haciendo lo correcto por el bien de nuestros hijo. Entonces alguna se podrá preguntar ¿Cómo lo superaste? Y es aquí donde les comparto un consejo, aclarando primero que viene sin fundamento científico, pero si desde el corazón de una madre que desea servirle a otra mamá. En el momento que entendí que era parte de mi proceso, y justo cuando abrace el momento, decidí aceptar que simplemente eso era “un momento” que pasaría, me sirvió mucho hablarlo con otras mamás, y me impresiono ver que era algo tan común, que sentirlo no me hacia una mala madre, o no significaba que no estaba gozando la noticia de mi embarazo, fue así que poco a poco todo fue tomando su lugar y su forma.

Mi hija nació y no les voy a mentir, no fue fácil verlo comprendiendo que su hermanita ya estaba en casa, que era parte de nosotros. Mi hijo desde el primer instante la amo, la acepto con un amor que me enternecía, me llenaba de alegría. Yo trataba de darle toda mi atención al igual que mi familia, pero sabemos que las emociones de una mujer que acaba de tener a su bebe son tan vulnerables y a veces nos juegan chueco, las hormonas me tenían un poco más sentimental de lo normal lo cual no me ayudaba mucho jaja. Pero al pasar unos cuantos días, adaptándonos como familia de 4, dándonos amor, dosis extras de besos y abrazos todo se volvió increíble. Yo sé que lo mejor que puedo regalarles a mis hijos, son ellos mismos, puesto que serán hermanos, compañeros de vida, de aventuras, cómplices y un sinfín de cosas más.

Si estas pasando por esta misma situación, espero te sientas comprendida por otra mamá que ya lo vivió, lo escribo y comparto con todo el cariño esperando te pueda ser de utilidad.

YGTN

Un año de ser mamá

Un año de ser mamá

Mi bebé cumple un año. Un año. No lo puedo creer. Me pongo a pensar en el momento en que supe que estaba embarazada. Ese momento de “es neta?! Ya?!” 

Nosotros ya habíamos decidido que queríamos familia. Y empezábamos a “intentar”. Pero fue tan rápido, desde el momento que empezamos, no hubo otra menstruación, “pegó de inmediato”. (Al decirlo y vivirlo me siento enormemente bendecida). Fue un shock grande, sentí mucha incertidumbre, miles de dudas, emoción, ansia, sentimiento, adrenalina… no sabía que hacer. No sabía por donde empezar, cuáles eran los primeros cuidados, que cosas comprar, untarme, tomarme, ponerme, nada! Lo primero que hice fue comprarme el libro “What to expect when you’re expecting” y una agenda para apuntar TODO lo que sentía físicamente y también en el alma, para mis dudas para el doctor y para otras mamás.  Empecé a leer e investigar mucho en el tema, y quedé fascinada. Me puse a hacer anotaciones en mi agenda de cosas que leía en libros o en blogs y hasta en revistas. Me preparé mucho para la llegada de Luca. 

Claro está, una cosa es la teoría y otra la práctica. Cuando nació y me lo entregaron, fue como un “wake up call”, un “ok, ya leíste, ahora aplícalo” y no sabía por donde empezar. A pesar de haber ido a clases y leído e investigado, me sentía inútil con el bebé en brazos, hombros alzados, tensa, nerviosa. En cambio mi esposo, tranquilo, relajado y con una paz enorme. El me enseño a cambiarle el pañal,  cargarlo, a bañarlo y hasta a darle pecho. No se como le hubiera hecho para sobrevivir esos primeros meses sin su apoyo e instrucción. 

Los primeros 3 meses fueron LOS-MÁS-DIFÍ-CI-LES. Adaptarse a la lactancia no es tarea sencilla. Pensar que porque es natural, y es tu cuerpo, va a ser fácil, fue lo PEOR que pude haber pensado. Creo que cuando me “bajó la leche” fue el peor dolor de la maternidad, más que las contracciones y el parto. Era muchísima presión y tensión, nervio, frustración. No sabía como acomodármelo, tenía los hombros y brazos tensos, me retorcía del dolor los 4 días desde que llegué a mi casa. Mi esposo tuvo que hacerme “masajes” en el pecho que más bien se sentía como “molcajeteadas” para que las boobs no se me pusieran como piedra y el dolor pasara con los días. El agua, el aire, cuslquier tela, TODO DOLÍA. Pero pasó el dolor y ya sólo era cuestión de acostumbrarnos y sentirnos cómodos a hacerlo en público (qué también tardamos 2 meses en lograr). Después de eso, fue tan fácil y natural que no quise ponerme un límite de tiempo y hasta la fecha lo disfruto mucho. No siento una conexión mágica entre el y yo (aunque lo disfruto muchísimo) pero si un milagro de mi cuerpo y la naturaleza. 

Los días constaban de Luca llorar todo el día y dormir toda la noche. Yo ya no sabía que hacer ni que día era. Tuvimos pocas visitas, pero cuando se fueron, quedamos el y yo solos (y para ser honesta, no me dejaba ayudar mucho por la visita porque sabía que ellos venían sólo unos días y yo necesitaba prepararme para cuando estuviera yo sola.) Y me sentía horriblemente perdida. Sentía que los días se me iban y no alcanzaba a hacer nada. Solo despertaba, daba pecho todo el santo día y cambiaba pañales, a veces comía e iba al baño… a veces. Es muy duro estar sola, sin familia o amigos y sin ayuda. 

Los días pasaban y se convertían en meses y me acuerdo perfectamente el día en que dije “hoy empiezo a disfrutar de tener un bebé” y me sentí pésimo porque ese día fue aproximadamente en el 4-5to mes. Y me preguntaba como era posible que el resto no lo haya disfrutado, si era mi bebé y estaba tan chiquito. Pues así fué, no es que no lo haya disfrutado, simplemente fue una prueba grandísima para mi el criarlo casi sola y sin saber mucho del cuidado de un bebé. Y cuando por fin pasé esa línea, esa neblina, pude voltear hacia atrás y decir, “wow, si he avanzado y lo estoy haciendo bien”.

Y así ha sido con toda etapa hasta ahorita, sales de una y entras a otra.  Ves mejoría y hay una recaída, todo está perfecto y de pronto una regresión de sueño, dientes, gripa, etc, etc, etc. Pero con los meses agarras la onda y entiendes que todo es parte de, que en unos días se le va a pasar .

Todo lo que hemos vivido este año nos ha hecho muy fuertes y muy unidos. Es un cumpleaños en familia. Un año de vida de Luca. Un año de Mayela mamá y un año de Pepe papá. Y un año de familia.

El que Luca cumpla un año claro que es importante, ha logrado cosas enormes (en mis ojos de mamá) que si me las hubieran platicado cuando apenas nació, no las hubiera creído.

Pero también es mi cumpleaños de mamá. Porque yo, Mayela mujer, existía. Pero Mayela mamá, no. Y la Mayela mamá que hoy se ve en el espejo es completamente diferente a la que se veía esos primeros días de post-parto, de calzones de abuelita, de panza de embarazo de 6 meses, de dolor en el pecho, de no entrar en los jeans y SOBRETODO de pensamiento y paciencia. 

Este año lo celebro sintiéndome ganadora, vencedora, triunfadora. Sabiendo que nadie sabemos que estamos haciendo, pero aprendemos sobre la marcha. Entendiendo que el principio es difícil y parece no mejorar, pero hay una luz y todo mejora tarde o temprano y cuando mejora, y volteas a ver esa tempestad, piensas que no era tan mala, porque ahora ya eres más fuerte y sabes que lo podrías soportar de nuevo.

El primer año de mamá también se debe celebrar, gozar, reconocer y valorar. 

Tú, mamá que estás del otro lado de la neblina, te estamos esperando todas del otro lado, con los brazos abiertos, una sonrisa de empatía y reconociendo tu ENORME valor. 

Feliz cumpleaños Luca. Feliz cumpleaños Mayela mamá. Y feliz cumpleaños a ti que te identificas con mi historia. 

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Mamá. Nueva pareja, ¿Por qué no?

Mamá. Nueva pareja, ¿Por qué no?

Hola, soy Mónica Bárcena Anguiano. Moreliana Tengo 31 años y 3 hijos. ¿Cómo hago todo esto con 3 hijos? Con el apoyo incondicional de mi esposo al que le gusta que cumpla mis metas y sueños, porque el ser mamá no debe impedirlo.

Quiero contarles mi testimonio de que mamá puede tener una vida de pareja cuando no se dio de la manera que esperaba con el papá de sus hijos.

Patricio llegó cuando yo tenía 25 años. Fue un cambio total en mis planes y sueños. Su papá siempre estuvo presente y es un buen papá, sin embargo, ese trance de ser “novio” a ser “cabeza de familia” no se dio.  Esperé siempre la frase: “vámonos a vivir juntos” lo que para mí hubiera sido todo, aunque no tuviéramos nada y empezar de 0, pero eso tampoco pasó.

La vida te pone en el lugar correcto en el momento justo, aunque al principio reproches y sientas miedo al cambio. Por azares del destino, una amiga me contactó para suplirla 15 días en recepción, pero esos 15 días se convirtieron en un año en el cual yo ganaba super poquito, pero me alcanzaba para las necesidades de Patricio. Y ahí fue cuando vi que si se quiere se puede y que hubiéramos hecho muchas cosas como familia, los tres, pero siempre había un “pero”.

Empezó a cansarme esa situación y si me preguntan, una de las decisiones más difíciles ha sido el terminar esa relación. Si es feo cuando no hay hijos de por medio, cuando hay, es horrible. Además de que la gente empieza a hablar y a juzgar: ¿Por qué? ¿Qué va a ser de Patricio? ¿Por qué no aguantas un poco o le echas más ganas? Pero nadie te pregunta: ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas? De hecho, algunos “amigos” se alejaron.

Dos párrafos arriba les decía que la vida te pone en el lugar correcto en el momento justo y ese trabajo me dio la oportunidad de conocer a alguien. Alguien que pronto se convirtió en la persona más importante para mí y con quien he compartido, hasta la fecha, 5 años de los más felices de mi vida. Claro que para llegar hasta aquí fue otro show: la gente vuelve a hablar, tu familia se preocupa, la familia de él no quería conocerme, el tema de los ex, en fin. Aún así, decidimos darnos una oportunidad y hoy, 5 años después de toda esa situación, tenemos una familia muy bonita y grande ya que él tiene 2 hijos de su matrimonio pasado, Patricio, y dos hijos nuestros, y si pudiéramos y la economía lo permitiera tendríamos más jaja ya que él me da la seguridad de que todo va a estar bien, aunque los planes cambien.

Definitivamente no estaba en mis planes toda esta historia, pero ahorita mi vida es mucho más bonita de lo que imaginé. ¡Sí! Soy mamá y al igual que cualquier persona tengo derecho a decir ¡No! Cuando algo no me hace feliz e ir por lo que sí, ya que al estar bien yo, mis hijos están bien.

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Vanidad vs. Maternidad

Vanidad vs. Maternidad

Soy Fernanda, tengo 29 años y soy de Tijuana viviendo en Hermosillo desde hace casi 3 años. Soy educadora y mamá de Sofía de 1 año 9 meses y de Andrea de 6 meses.

Decidí escribir sobre este tema porque me he topado con muchas mamás que se preocupan demasiado por cómo se ven hacia los demás o bien, todo lo contrario, no tienen ninguna preocupación por arreglarse ya que están tan adentradas en su maternidad y se olvidan de ellas mismas, que aclaro no tiene nada de malo y es el punto que quiero tocar.

Cuando nació Sofía (mi primer hija) me olvidé un poco de mí y de mi apariencia física. Podía durar semanas con bigote, las uñas descuidadas y ni hablar de la depilación. Y se, que en gran mayoría somos muchas a las que nos pasa, pues es realmente el momento de nuestros hijos que han llegado a este mundo y estamos en proceso de adaptación madre-hijo.

A los 5 meses de que nació Sofía yo ya estaba haciendo ejercicio y regresando poco a poco a mi peso y figura antes del embarazo. Un día con nauseas y mareo tuve que parar el entrenamiento para salir corriendo y comprar una prueba de embarazo y claro que no pude aguantar me la hice en el baño del GYM. Oh sorpresa salió positiva! ¿Se imaginan que sentí cuando por fin me sentía más delgada y casi llegando a mis metas sobre mi físico? . En ese momento claro que me emocioné pero al mismo tiempo pensé en que todo ese esfuerzo de meses y días haciendo ejercicio se habían terminado. Muy contenta le di la noticia a mi esposo pero con esa cosquillita por dentro de que otra vez tenía que pasar por 9 meses de embarazo y unos 12 kgs como mínimo de nuevo.

Si has leído hasta aquí pensarás que soy de esas mujeres súper arregladas, skinny, fit, etc, etc. Pues no, cero y no es a lo que quiero llegar. El punto es que la maternidad es lo más hermoso que me ha pasado y no lo cambiaría por nada, no quiero ser la mamá modelo que se preocupe más por su apariencia que por su familia. Además que en mi situación fueron 9 meses de embarazo por 2 y meses de post-parto (haz la cuenta) ya después de eso poco a poco he podido integrarme a una alimentación balanceada y a hacer ejercicio cuando puedo.

Lo que si creo es que el cuidado de nuestro aspecto físico no está peleado con nuestra maternidad, y muchas veces creemos que otras mamás tienen su vida perfecta al verlas en taconadas, con pestaña y bien perfumadas. Sí, la maternidad nos hace olvidarnos un poco o mucho de nosotras, nos hace aguantarnos las ganas de ir al baño por muchas horas, nos hace bañarnos a las 5 de la tarde si bien nos va y ponernos la ropa que primero que se nos cruce enfrente.

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A todas nos gusta sentirnos bonitas y por eso quiero invitarte a que cada vez que tengas oportunidad date un tiempo para cuidarte a ti. Es cuestión de organizarnos y saber con quién dejamos a nuestros bebés para aunque sea ir al manicure 1 hora o meternos a bañar con la tranquilidad del mundo y arreglarnos a nuestro ritmos. Atrévete a hacerlo, tus hijos estarán bien cuidados y te aseguro que tú te sentirás mucho mejor contigo misma y por lo tanto con tus hijos y familia.

Y como en todo, nada en exceso es bueno, esta bien que nos preocupemos por nuestro físico y nos demos tiempo de consentirnos nos lo merecemos ¿o no?

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Hiperemésis gravi… what!?

Hiperemésis gravi… what!?

¡Hola! soy Tere, tengo 32 años y vivo en Monterrey con mi esposo y mi chiquitín de casi 2 años, César. Soy mamá de tiempo completo, fotógrafa, diseñadora y consultora en sistemas de productividad.

Nunca se me va olvidar el sentimiento de cuando me enteré que estaba embarazada, era un mar de lágrimas de felicidad, nervio, amor, miedo y mil cosas más. No llevaba ni una semana de haberme enterado y ya tenía mi pinterest board explotando de ideas: las fotos de la panza, el álbum con notitas por cada mes, recetas saludables y tips de cómo organizarme super bien para hacer todo esto mientras emprendía mi negocio.

Sorpresa la que me llevé cuando me dió el primer bajón de energía y la primera náusea, sabía por mis amigas y todas las películas del “morning sickness” pero ¡¿que fregados era esto?! Cero “morning” era “all freaking day” y cero estilo romantic comedy, era ¡el exorcista!

Empezó super temprano y super agresivo todo, había días en los que vomitaba cada hora y no me podía tragar ni mi propia saliva. Pasaron semanas en las que sólo me despertaba y me arrastraba al sillón para sentir que había hecho algo. La rutina de mi esposo consistía en dejarme vasos de agua, coca light y hielos y variedad de galletas saladas y tostadas antes de irse al trabajo, luego regresaba a la hora de la comida a subirme un plato que parecía para un niño de 2 años con la esperanza que esta vez no lo devolviera pero con bolsa en mano porque sabía que probablemente iba a pasar y todas las noches aguantaba mis lágrimas de cansancio y desesperación de que no podía valerme por mi misma.

Cero me imaginaba mi embarazo así, no podía ir a trabajar ni trabajar desde mi casa porque todo me mareaba, fueron semanas sin manejar, sin bajar escaleras y sin poderme bañar parada, etc. Para no hacerles el cuento largo, fue hasta que acabé en el hospital que me enteré que existía un versión intensa que se llamaba hiperémesis gravídica y no era algo de los primeros tres meses como todo mundo me decía, vomité hasta el día en que nació mi hijo.

Bye mi álbum de pinterest, tenía que hacer un nuevo plan. Después de los primeros tres meses de miedo empecé a ver la luz, ya tenía tantita más energía, mis vómitos habían disminuido a 3-5 veces al día y empecé a organizarme alrededor de mis olas de energía. Acepté que no iba a lograr todo lo que me había propuesto y tenía que poner prioridades. Me propuse hacer UNA sola cosa al día, pero tenía que ser realmente importante, y me iba a sentir orgullosa cada vez que la lograra.

Empecé a ser mucho más productiva de lo que me imaginaba, el sentimiento de estar palomeando cosas tan importantes me motivó a seguir mejorando y en muy bueno días hasta palomeaba 3 prioridades. Una vez que nació mi hijo, y empecé a recuperar mi energía, me propuse seguir perfeccionando esta técnica y hoy, casi 2 años después, sigo usándola para poder ser emprendedora y mamá de tiempo completo.

Espero mi experiencia sirva de apoyo moral a las mamás que estén pasando por algo parecido, porque si algo me di cuenta, es que cuando encuentras a alguien en tu misma situación te sientes comprendida y a veces eso ayuda mucho más que cualquier palabra de aliento.

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También les dejo algunos tips que me ayudaron mucho y/o me hubiera gustado saber.

  • No tengas miedo de sonar exagerada con tu doctor, dile si te sientes muy mal y no te esperes a terminar en el hospital. Hay medicamentos que te puede recetar ya sea en pastilla y/o en inyecciones para poder controlar este padecimiento. Pregúntale por hiperémesis gravídica si tienes vómito excesivo, fatiga, pérdida de peso, deshidratación, salivación excesiva y malestar todo el día.
  • Encuentra tu snack que puedas tolerar a prueba y error, para muchas eran las saladitas, en mi caso eran las habaneras integrales, y tráelas a todos lados. También toma bebidas extra extra frías.
  • Compra un rollo de bolsitas de plástico (pudieran ser poo bags de perro jaja) para traer en la bolsa para cuando no llegues al baño, que en mi caso era 50% de las veces. Ah y unos chicles de menta para después.
  • El antibacterial exgerm era mi salvación porque aparte de limpiarme las manos cuando más bajas traía las defensas, como huele mucho a alcohol, olerlo me calmaba las nauseas y me ayudaba cuando sentía que se me bajaba la presión.
  • Trata de evitar usar productos con mucho olor (perfumes, desodorantes, cremas, etc) Hasta mi esposo tuvo que cambiar sus productos jaja
  • Busca una silla para bañarte sentada en la regadera y evitar desmayos. (A veces una gotita de eucalipto en la regadera ayudaba a las nausea tmb)
  • Avisar en el trabajo y a familiares sobre tu condición para que te apoyen, te den espacio y de pasada te evites comentarios de “es sólo los primeros 3 meses” y “a mi también me dio morning sickness”
  • Para días malos en los que no podía ni ver la tele ni leer, ni pararme, los podcasts y los audiobooks eran mi salvación. Les recomiendo el app Audible para audiolibros.
  • Ten un mini fridge, hielera y/o una mini despensa con bebidas frías y comidas básicas que NO huelan y que puedas alcanzar sin tener que caminar más de 10 pasos para los muy malos días en los que no puedas ni pararte o tolerar el olor de la cocina.
  • ¡Te recomiendo mucho el especial de netflix de Amy Schumer! Es una comediante que también tuvo hiperémesis y se avienta unos muy buenos chistes. De hecho por ella me enteré de esta página con super buenos recursos si estás pasando por esto http://helpher.org/tools/
  • Y sobre todo no te sientas mal por no poder hacer nada, lo importante es tu salud y la de tu bebé. YOU GOT THIS MOM!

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Mamá de cinco

Mamá de cinco
Soy Angelica Benítez tengo 33 años, soy de Tijuana B.C  y soy mamá de 5 , Gael, Valentina, Damián, Mariajose y Silvanna, que van de 1 a 14 años.
Las preguntas que con más frecuencia me hacen son: ¿Cómo le haces con cinco? ¿Cómo tienes tantos ánimos? ¿Cómo te das el tiempo?

Últimamente por obvias razones pienso más de dos veces para hacer las cosas, por el cansancio que implican 5 hijos, pero siempre trato de hacer mi mayor esfuerzo, porque sé que el tiempo no regresa, los hijos crecen y cuando menos piensas se van.

Que dramática me escuché, pero yo que ya tengo un hijo de casi 15 años, de verdad que ¡el tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos!

Es difícil, sí, no lo voy a negar, pero el amor que siento por ellos es tan grande que no importa estar cansada todo el tiempo. No seré la mejor mamá del mundo, solo trato de que mis hijos sean felices, inculcarles amor, respeto, fe.

El mejor consejo que yo puedo dar es: “NO te estreses mamá”, la casa ya se limpiará, la ropa ya se lavará, respira y vive FELIZ, por que eso, es lo que más necesitan los hijos, una MAMÁ FELIZ.

¿Cómo le hago con 5? Pues así… le hago… jaja siempre contesto…

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Vivimos en la ciudad de San Diego Ca. y aquí es un poco complicado conseguir ayuda doméstica, y si, como dicen “pobres y de familia numerosa” jaja, tenemos que administrar muy bien el dinero, así que manos a la obra y a limpiar todos!
Los niños tienen obligaciones en casa, como lavar trastes, sacar basuras entre otras, cosas simples pero que son de mucha ayuda y a la vez  estoy creando un buen hábito en ellos. Así que si les sirve como consejo, háganlo y me dicen si les funcionó.

Otra cosa que me parece importante, como no tenemos quien nos ayude a cuidarlos, estamos acostumbrados a estar siempre juntos, al principio yo no me acostumbraba y se me hacía pesado, hasta prefería no salir de casa (a lo mejor les pasa  alguna de ustedes), pero me tuve que acostumbrar y sacar fuerza y ánimo para salir, no podía estar encerrada todo el tiempo, por salud mental y por los niños, así que me quite la flojera y a la calle con todos siempre. Pero de eso salió algo muy bueno, la convivencia entre nosotros es lo mejor, claro que ahorita en la adolescencia hay un poco de problemas jaja pero no tan grandes, siempre les enseñamos el respeto y amor entre hermanos y creo que ha funcionado.

Lo que más quisiera compartir es, que el amor de madre es tan grande, que si se puede, que tú puedes… hay días difíciles, días tristes, días complicados pero al final del día están ellos, con hermosa sonrisa y una mirada que lo dice todo: “Te Amo Mamá”
¡Si yo puedo, tu puedes!
Es cuestión de actitud y amor…
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