Mis pérdidas de embarazo

Tengo 36 años, tengo una niña de 3, y 4 años de casada. Me embaracé a los 6 meses después de casarme. Mi primer embarazo fue muy normal y sano, tuve algunos síntomas los primeros 3 meses pero muy leve y muy normal. A las 39 semanas, en marzo de 2016, nació nuestra primer hija por parto natural.

Después de 1 año y medio mas o menos, de disfrutar, de aprender, de no dormir, de cambios todos los días; sentimos que todo ya estaba mas estable entre nosotros como familia, empezamos a buscar otro embarazo,  

En abril del 2018 me hice una prueba casera y dio positiva. Estábamos muy contentos, y esta vez estaba mas relajada, pues ya no era algo nuevo, era algo por lo que ya había pasado y de cierta forma yo creía, muy ingenuamente, que sabía mas o menos a lo que iba. Pudimos confirmar el embarazo con un ultrasonido en la semana 6. En nuestra siguiente cita íbamos muy contentos y yo iba desesperada/emocionada por escuchar el latido de mi bebé. Estaba súper feliz porque no tenía ningún síntoma y no dejaba de pensar que tal vez sería niño, porque según yo era un embarazo diferente, (y vaya que lo era). El doctor nos recibió y nos felicitó, me pesó, tomó mis datos y me pasó a hacer el ultrasonido, me paso varias veces el transductor hasta que de repente el doctor hizo un ruido como de negación y ya yo me quede pensando y después de un buen rato nos dijo que no encontraba latido, me quede estática, no sabía que pensar, como reaccionar, que preguntar, que decir, no sabía si llorar, no sabía que estaba pasando. El doctor nos dijo que le dolía mucho darnos esa noticia, que era algo que lamentablemente pasaba mucho y que no se podía hacer nada, nos pidió ir a un hospital con un radiólogo experto en radiología de la mujer para confirmar el diagnóstico. 

Salimos del consultorio y le hablé a mi papá, quien es cirujano, y le explique lo que estaba pasando, me dijo que nos veía en el hospital y en el camino yo iba rezando y poniendo todo en manos de Dios, iba tranquila, esperando que fuera un error, pero como se imaginan a estas alturas, no lo fue.

Llegamos al hospital, el radiólogo me hizo un ultrasonido vaginal y nos confirmó la mala noticia. Nuestro bebe ya no tenía latido, el diagnóstico: huevo muerto retenido de 9 semanas. Seguía en shock, me dolía pero estaba en shock, y no tenía ninguna reacción. Volvimos con el doctor y nos dijo que había dos opciones, esperar a que mi cuerpo expulsara el producto o tomar unas pastillas para dilatar el útero y practicar un legrado. Estuve con el medicamento 5 o 6 días y no me hicieron efecto, nunca tuve cólico ni sangrado. El doctor me revisó y me dijo que ya podía trabajar, entonces programamos el legrado para ese día en la noche, 6 de Junio 2018. 

Todos estos días fueron difíciles, yo tenia a mi bebé muerto adentro de mi y me lo tenían que sacar, pero no se porque estaba de cierta forma tranquila, obviamente estaba triste y me dolía, porque sabía cual era la realidad, pero al mismo tiempo sentía que estaba viviendo en una fantasía, en un mundo paralelo o no se, que nada de lo que veía estaba pasando. 

Nos fuimos al hospital, me puse la bata, me pusieron el suero, me acostaron en la camilla y ahí estuve con mi esposo, mi papá, y mi ginecólogo a un lado de mi todo el tiempo, esperando que el quirófano, estuviera listo. Por fin llego la hora y en ese momento me puse muy nerviosa, tenia mucho miedo, nunca me habían operado, solo había entrado a quirófano cuando tuve a mi bebé e iba de lo mas tranquila, pues para mi era algo natural lo que estaba pasando y dentro de la euforia no sentí miedo de nada. Esta vez fue diferente, sentía mucho miedo, sentía que me iba a morir literal, quería despedirme de mi esposo y decirle que cuidara a nuestra hija, ¿suena dramático no? Pero es un sentimiento real, no lo hice obviamente, me apaniqué, solo cruce miradas con el y con mi papá y fue todo.  

Ya en el quirófano todo estuvo bien. Las enfermeras y los doctores me cuidaron mucho, el anestesiólogo me acariciaba la frente y me decía que todo iba a salir bien. Yo estaba inmóvil, llorando sin parar, viendo las lámparas del quirófano y pensando que no quería estar ahí, que no quería estar viviendo eso. La anestesia no me dolió, y el procedimiento tampoco obviamente, pero me sentía destrozada por dentro, sentía un hoyo en el pecho, no quería estar ahí, no quería estar pasando por eso, pero tenia que hacerlo, era algo por lo que tenia que pasar y no había nada que hacer para cambiarlo. El legrado terminó rápido, como en 20 minutos, me pasaron a recuperación a que se me pasara la anestesia, fue desesperante porque no me podía mover y estaba cansada. Por fin me pude sentar y fue cuando le dije a mi papá que ya me quería ir a mi casa. Me sacaron en silla de ruedas, como ya era de madrugada llegué directo a mi casa a dormir. Dormí muy bien la verdad, creo que estaba agotada después de tanto estrés y tantas emociones. 

Mi recuperación física fue muy rápida, no tuve sangrado ni ninguna molestia. Pero la recuperación emocional aun está en proceso. Es un dolor como pausado, no lo veo, no pienso en eso todo el tiempo, pero si guardo un poco de silencio, o si pongo atención, me doy cuenta que ahí lo tengo… que es una presión en el pecho, que es un hueco literal y que sigue doliendo mucho, igual que el primer día.

Es un dolor que creo que siempre me va a acompañar, porque fue una ilusión que tuve, que viví, y de un día a otro me dijeron que ya no existía, es el dolor de un hijo o una hija con que soñamos, que deseamos e imaginamos por poco tiempo, y que lo sentimos tan real y al final ¿que? Nada. No supimos si seria niño o niña, no le pusimos un nombre, nada. Yo creo firmemente en Dios y confío en el, tanto así que nunca le pedí con todas mis fuerzas que lo que estaba pasando no fuera verdad, me puse en sus manos y puse en sus manos a mi bebé, y desde antes de que nos confirmaran el diagnóstico se lo entregue.

Mi doctor nos recomendó esperar 6 meses para un nuevo embarazo y creo que estuvo perfecto, antes yo no me hubiera sentido lista emocionalmente. Pero las cosas se acomodan y para diciembre yo ya me sentía mejor, tenía ganas de volver a intentar. 

A principios de febrero, me hice una prueba casera y salió positiva. No sabia que sentir, no sabía que pensar, no sabía si compartir la noticia o esperarme, pero pensaba que si no le decía a nadie era como hacerlo por miedo y si compartía la noticia con nuestras familias pensaba que eso me iba a motivar y me iba a ayudar a pensar positivo, lo platique con mi esposo y el estuvo de acuerdo y me apoyo, ese mismo día dimos la noticia. 

Los demás días pasaron normal, sentía nauseas y muy inflamada y uno que otro cólico por lo que mi papá me dijo que no esperara e hiciera una cita con el ginecólogo. Fuimos a la cita y me hizo un ultrasonido y apenas pudimos ver lo que parecía ser el saco gestacional, lo cual era normal para las 5 semanas de embarazo que tenía. Estuve tomando progesterona y en mucho reposo. Me la pasaba acostada casi todo el tiempo, porque si duraba mucho tiempo parada o haciendo cualquier actividad por mas mínimo que fuera el esfuerzo yo empezaba a sentir dolor, no era dolor fuerte, pero era dolor, entonces por precaución estuve en reposo casi 4 semanas. 

Cuando me tocó cita para un segundo ultrasonido iba emocionada porque sabía que ya escucharíamos el latido del bebé, pero oh sorpresa… en el ultrasonido el doctor vio que no había embrión, solo saco gestacional. 

Por las semanas que tenía de embarazo no era normal, nos pidió tomar una segunda opinión y así lo hicimos. Al día siguiente fuimos con otro ginecólogo y nos confirmó la noticia, mi embarazo era anembrionado, y la verdad me sentía en una película…no podía creerlo, ¿como era posible que me pasara eso otra vez? 

La primera vez el doctor nos dijo que era algo muy común, por lo que muchas mujeres pasan, pero pensé que era algo que no volvería a pasar, mas porque ya había tenido un embarazo normal y que gracias a Dios había salido todo bien. Pero no, ahí estaba teniendo mi segunda pérdida. Me iban a tener que hacer otro legrado, volver a pasar por lo mismo. Raramente esta vez estaba mas tranquila, súper triste claro, pero mas relajada, porque con mi primera pérdida me traumó el echo de tener a mi bebe muerto dentro de mi, que me lo sacaran y lo tiraran a la basura, y así es, no hay otras palabras para decirlo, es horrible pero es la realidad. Esta vez no había bebé, clínicamente no había un embarazo, porque no hubo embrión, pero si era una pérdida, porque tuvimos otra vez la esperanza y la ilusión.

Volví a tomar el medicamento para dilatar el útero por 10 días y no me hizo efecto, me hicieron el legrado y fue mas rápido todo, la recuperación física y emocional pero esta vez también fue muy cansado, el estrés fue mucho. 

A los meses decidimos buscar un ginecólogo perinatólogo, el cual es un especialista en medicina materno-fetal, se encargan de la evaluación y tratamiento de embarazos de alto riesgo y de alteraciones fetales. Tomamos esta decisión porque nos dijeron que no había una explicación para las otras pérdidas que tuve, que normalmente es una selección de la naturaleza cuando el producto no viene bien, entonces el cuerpo lo deshecha, lo aborta. Normalmente te recomiendan ir con un perinatólogo cuando tienes 3 o mas pérdidas, pero nosotros no quisimos esperarnos a tener una tercera. 

El ginecólogo perinatólogo nos dijo que para diagnosticar o para decir que existe Pérdida Recurrente del Embarazo, se tienen que tener 3 o mas pérdidas, y que yo solo había tenido una, clínicamente hablando, pues mi segunda pérdida no había sido un embarazo. Que es algo que pasa, que no hay explicación, no hay como predecir si va a volver a pasar o no, pero que lo bueno era que yo ya tenia un antecedente de un embarazo normal y que el pensaba que podía volver a intentarlo sin ningún miedo. Me mandó a hacer unos análisis y me dijo que si el veía todo bien en los resultados, podíamos buscar otro embarazo dentro de 3 meses. Salimos de la cita y la verdad salí feliz, porque lo que nos había dicho eran buenas noticias, todo indicaba estar bien y así ha sido hasta el momento. Me hice los análisis y todo salió muy bien. Entonces por hoy en eso estamos, dando gracias a Dios de que todo esta bien, agradeciendo y disfrutando lo que tenemos hoy. 

Espero que el estar escribiendo y compartiendo mi historia le sirva a alguien, si es así por favor escríbanme. Me daría mucho gusto saber que alguien se sintió identificada o identificado y que contar mi experiencia sirvió para algo. Se lo que se siente perder un embarazo, a un hijo, se que es un dolor que nadie comprende, es algo que solo entiende quien lo esta viviendo, pero no somos las únicas mamás, ni los únicos papás a los que le pasa.

Ojalá este tema fuera algo de lo que se hablara mas y que hubiera mas consciencia y mas educación sobre como tratar el tema, como apoyar a quien esta pasando por algo así, porque la gente hace como que no pasó nada.

La gente te dice “no importa, eres joven, puedes volver a intentarlo”, y si, puedes volver a intentarlo pero porque piensan que “poder” es igual a “querer” el que pueda volver a embarazarme no quiere decir que este lista para volver a perder a otro bebe, o que no tenga dudas al respecto, y quien decide volver a intentarlo no es mas valiente que quien decide no hacerlo de nuevo. Hay que ser mas empáticos entre nosotros, y si conoces a alguien que ha pasado por esto dile que le apoyas, que le acompañas en su dolor, que si quiere hablar al respecto estas para escucharla, abrázala, dale tu hombro para que llore, lo que sea, pero no hagas como que no paso nada, no minimices su pérdida.

ygtm