No existen partos perfectos, existen partos positivos

Hola, soy Ale Wise, tengo 28 años y soy de Monterrey. Tengo dos años de casada y un bebé de 5 meses: Gabriel.

Me fui a vivir a Philadelphia cuando tenía 3 meses de embarazo, sin siquiera saber si íbamos a tener al bebé en México o en Estados Unidos. Yo ya me había hecho la idea de que me iba a quedar en Monterrey desde Navidad hasta que naciera mi bebé (en Febrero), ya había investigado los hospitales, lo que se pone para las visitas, y me imaginaba a toda mi familia en el hospital (a mis papás, mi suegra, mi hermana, cuñados, tíos, tías, mis abuelas, etc). Cosa que llegó a estar muy lejana a la realidad.

Por cuestiones del seguro de gastos médicos me era muuuuucho más conveniente tener al bebé en Estados Unidos, y obviamente era la mejor opción para mi esposo. Pero esto también significaba que el nacimiento de mi bebé iba a ser muy diferente a lo que me imaginaba, me sacó completamente de mi zona de confort. Yo no tenía ni idea de los hospitales que existían en Philly, y hasta tenía miedo de tener al bebé en USA debido a anécdotas que había escuchado de gente conocida. Gracias a Dios tuve una amiga que tuvo a su bebé cinco meses antes que yo y me pudo guiar paso a paso en todos los temas médicos (buscar ginecóloga, hospital, clases, etc).

Desde que me embaracé empecé a seguir en Instagram varias cuentas de bloggers embarazadas, y así es como di con Laura Wills, una inglesa que estaba por tener a su tercer bebé un mes después que yo. Un día subió una story recomendando un libro acerca del Hypnobirthing. Ella decía que para su parto pasado había llevado técnicas de esta filosofía y que gracias a eso había tenido un parto súper diferente al primero. Esta fue la primera vez que leí acerca del término. Investigué qué era, y para ser sincera, me parecía un poco ridículo, pero pensé que no tenía nada que perder en informarme más, y en pedir ese libro.

Para mi, la idea de lo que era un parto estaba súper vinculada a lo que veo en películas: gritos, dolor, sudor, desesperación… así que gracias a eso, pensar en el parto me ponía nerviosa. Si a eso le sumaba el hecho de que estaba en un país distinto al mío, y que mi mamá y mi suegra iban a llegar X día apostándole a que naciera por esas fechas, me daba pánico pensar en el día de mi parto.

El hypnobirthing me cambió totalmente mi percepción. Me enseñó cómo mi cuerpo estaba preparándose para eso, que es algo súper natural a lo cual no debía de tenerle miedo. También me enseñó cómo funciona biológicamente, para poder estar un poco más en control de la situación: siempre saber qué estaba pasando. También me incitó a dejar de escuchar historias negativas de otra gente, porque el saber que ‘Ana’ se desgarró, y ‘María’ estuvo horas pujando solo iba a predisponerme a una experiencia negativa (al igual que todo lo que había visto en la tele).

Mi mamá y mi suegra llegaban el 9 de febrero. Yo tenía fecha para el 14 (fecha que me habían adelantado por las medidas en ultrasonido pues según mi LMP -last menstrual period- era para el 17). Desde la semana 37 mi ginecóloga ya me había hecho tacto y me había dicho que estaba 1 cm dilatada y 85% effaced (que a la fecha no se como se traduce al español, pero es lo delgado que se pone el cérvix). Así estuve 2 semanas, hasta mi cita de la semana 39 en que avancé un centímetro. El 8 de febrero me desperté y vi el famoso “bloody show”; enseguida le escribí a mi ginecóloga de Monterrey y me dijo que eso solo significaba que el parto ya era inminente, o sea podía ocurrir desde en 24 horas.

A mi me ponía nerviosa que llegaran las mamás y que el bebé todavía se tardara en nacer, sabía que eso me estresaría más. Pero debido al hypnobirthing yo sabía que las endorfinas son las que aceleran el proceso del parto. O sea estresarme iba a retrasar que iniciara el proceso. Así que desde días antes me ponía a ver cosas que me pusieran de súper buen humor, que me causaran felicidad, y siempre que tuviera un pensamiento estresante, me enfocaba en contrarrestarlo.

Pues ese mismo día en la noche, sentí que se me había roto la fuente. No estaba nada segura porque sentí solo un chorrito y no el “splash” que te cuentan (pero igual, ya sabía que si la cabeza del bebé estaba muy abajo, podía estar tapando y entonces solo cuando se moviera iba a estar saliendo el líquido amniótico). Mi esposo y yo, ahora si nerviosos, buscábamos en internet respuestas para ver si era o no, hasta que se me ocurrió marcarle a mi mamá a ver si ella sabía. La verdad mis papás nos presionaron para irnos al hospital; yo , por alguna razón, no quería ir sin estar segura de que SI era el momento de ir. Aparte de que pensaba que era la fuente, estaba teniendo contracciones seguidas (pero no eran cada 5 minutos ni duraban 1 minuto, y sinceramente, me dolían como cualquier cólico). Esta era la primera vez en todo mi embarazo que tenía contracciones constantes, así que eso de cierta manera me dio seguridad de que podía significar algo. Mi esposo estaba anotando las contracciones con una app del celular. Eran las 11 de la noche.

En el hospital, primero nos pasaron a una salita en donde me conectaron dos monitores: uno para escuchar el corazón del bebé y otro para medir las contracciones. Era en ese cuarto donde me iban a decir si estaba o no en labor de parto. Como era un viernes en la noche, había un solo doctor para 10 personas y ¡se tardó dos horas en llegar a verme! Para cuando llegó mis contracciones habían aumentado en dolor y yo solo rezaba que esto SI fuera el parto real. Aunque a simple vista el doctor pensaba que sí se me había roto la fuente, después de hacer unos estudios resultó que no era líquido amniótico. Sin embargo, me confirmó que ya estaba empezando el labor de parto, que si quería me podía ir a mi casa, o bien, esperarme ahí en ese mismo cuarto hasta que avanzara lo suficiente y me pudieran hospitalizar, pero que por ser madre primeriza probablemente iba a demorar mucho. Mi esposo y yo decidimos quedarnos ahí, sobre todo porque ya tenía 4 cm de dilatación y yo, sabiendo que iba a querer la epidural al llegar a 5 cm, no quería sufrirla de más.

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El doctor tardó dos horas en volver. Claro que al final de estas dos horas ya me dolían horrible las contracciones. Mi esposo estuvo contándomelas todo el tiempo. Al principio estaba contándome chistes, haciéndome reír (para conscientemente producirme endorfinas y así tratar de que el labor de parto progresara) y cuando aumentó el dolor, me insistía en tratar de dormir (aunque claro, solo dormitaba y cada 5 minutos o menos, me doblaba del dolor). Si le preguntas a mi esposo, no hubo un solo grito, lágrima o ninguna palabra para ser sincera, de mi parte. Yo estaba cien por ciento concentrada en imaginarme como con cada contracción estaba acelerando el proceso , mi bebé estaría bajando y yo estaría cada vez más cerca de poderlo conocer.

Al ponerme la epidural fui la más feliz del mundo. El tamaño de la aguja, y todo lo que conlleva la epidural pasó completamente desapercibido; fue lo más irrelevante (probablemente porque lo que yo ya quería era que dejara de dolerme). Después de ese momento hasta mi esposo aprovechó para dormirse (obvio me preguntó antes y pues así de tranquila me vio), pues sabíamos que no quedaba nada más que esperar.

Las enfermeras y la partera me recomendaban tratar de dormir, para descansar y estar tranquila (que volvemos a lo mismo, era lo que iba a permitir que el parto siguiera progresando, como yo ya bien lo sabía). Cada que venían a checarme yo estaba más avanzada, solo que querían esperar a que la fuente se rompiera sola y como nunca sucedió, al llegar a los 10 cm decidimos que mejor ya lo hicieran ellas. Después de esto me dijeron que en algún momento iba a sentir presión y que les hablara.

En lo que esto sucedía, yo me traté de dormir más (ya eran como las 10 de la mañana), y recuerdo que en algún punto ya sentía la presión de la que me habían hablado y yo le decía a mi bebé que se esperara más, que aún no estaba lista, que todavía quería descansar. No se cuánto pasó, pero ya nos despertamos mi esposo y yo, y la partera y la enfermera estaban preparándome para pujar, porque ya había llegado el momento.

Para esto, algo sucedió con la epidural (según yo, solo me habían bajado la dosis para que pudiera tener un poco de control en las piernas, aunque mi esposo dice que me la quitaron), por lo que sentía plenamente las contracciones. Pero estaba tan segura de lo que estaba ocurriendo, que solo me concentré en cómo aliviar ese dolor (que era mantener la pierna lo más pegada a mi abdomen, o sea mi esposo tenía que estar sujetándomela – y volteando hacia arriba porque no quería ver nada jaja) y cómo sentirme mejor (pedía que me trajeran antibacterial para oler). Tras media hora de pujar, que yo ni lo noté, tuve a mi bebé en mis brazos.

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Cuando me pongo a pensar en mi parto, pienso que fue una experiencia completamente positiva, donde sabía lo que estaba ocurriendo aunque no tenía control de la situación, y lo más importante: siempre me sentí en paz. Supe confiar en mi cuerpo, dejar que todo fluyera y pude vivir un momento hermosísimo con mi esposo. Había muchas cosas que honestamente me preocupaban (como por ejemplo estar solos en el hospital mi esposo y yo) y que podían salir mal, pero creo que la preparación que tuve mentalmente gracias al hypnobirthing me ayudó a finalmente experimentar un parto pacífico y positivo, que en el fondo era lo más importante para mí.

Me encantaría decir que no me dolió, pero la realidad es que las contracciones fueron de los dolores más fuerte que he sentido. Y no es que haya tenido un parto con suerte, de hecho, debido a que no me realizaron la episiotomía, tuve un desgarre (que la verdad suena mucho peor de lo que realmente fue). Lo que si fue suerte es que mi bebé haya querido nacer justo el día que llegaban sus abuelas.

Quedé muy feliz de haber dado con el término de hypnobirthing, pues tanto que se prepara nuestro cuerpo para ese momento, tantas clases que tomamos (de lactancia, psicoprofilácticos), pero ¿quién nos prepara mentalmente para lo que vamos a vivir? Creo que esta mentalidad hace toda la diferencia, y hoy, de lo único que me arrepiento, es de no haber indagado más y tomar también un curso aparte del libro. A la próxima que lo requiera, sin duda lo haré.

Para las interesadas, el libro que yo leí se llama “Your Baby, Your Birth” de Hollie de Cruz.

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