Carta de papá

Lamento decepcionarlos, pero en este día del padre no quiero escribirles a las mamás ni a los papás. Quiero aprovechar este espacio para escribirle a Mariana.

Hace poco iba manejando en las calles y vi un anuncio que decía “Él no sabía ser papá y lo hizo por ti”. Mariana, yo hoy quiero confesarte que aún no se en que me metí cuando tu mamá y yo empezamos a planear nuestra increíble familia. No tenía idea de que tu nos ibas a traer tantas alegrías, tantos aprendizajes, pero, sobre todo, tanto amor en casa acompañado de tantas desveladas, pañales, cambios de planes, gastos inesperados y risas incontrolables.

Mariana, ser tu papá es para mí la aventura más grande, divertida, retadora y trascendente que he vivido. He vivido cada uno de tus días con una certeza absoluta: Sé que no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero estoy convencido de que me estoy entregando totalmente por ti y por tu mamá, sé que me he equivocado y probablemente me voy a volver a equivocar, pero tu risa, tus palabras y tus abrazos cuando te paras de puntitas para alcanzar mis piernas, son lo que hace que disfrute tanto este caminar junto contigo.

Ser papá siempre fue un anhelo que tu me permites cumplir día a día. Tengo, además, el regalo de tener a mi papá conmigo para recordarme siempre que un día voy a poder ser tan entregado a su familia, luchón y generoso como él. Tata, como le dices a tu abuelito, es quien me enseño que, si no arriesgo, no gano y tu vida, Mariana, es el regalo más arriesgado que me han dado.

Como ya te dije antes varias veces en esta carta, yo no sé ser papá. No se regañarte -siempre me convences con tu sonrisa chistosa, tus abrazos o tus ojitos que me haces-. Tu mamá dice que siempre te pongo el pañal chueco, casi siempre dejo flojo los tirantes del car seat porque me da miedo apretar de más y tu mamá tiene que ajustarlos, la última vez que te corte las uñas te machuque el dedo, cuando te baño acabo más mojado yo que tu, entre muchas otras “áreas de oportunidad paternales”, pero nada de eso importa más que la segunda parte de la frase que leí en aquel anuncio. No se ser papá… pero lo hago por ti.

Lo hago por ti, Mariana, porque yo creía que sabía muchas cosas y tenía respuesta para casi todo, pero tu me enseñas que no es así. Todos los días tengo la oportunidad de conocerte más, de decidir que clase de papá quiero ser para ti y como quiero ayudar a formarte como persona. Caminar contigo es para mi un regalo que espero que dure muchos años porque quiero siempre ser para ti un papá chingón, nunca perfecto, pero si un papá que te de pena cuando llegue a verte a tus festivales y/o partidos o a la fila del colegio, que te de pena por el gran amor que quiero demostrarte siempre, estando a tu lado y caminando junto con tu mamá y con la familia que Dios nos regale, y luego se te quite la pena cuando te des cuenta que aunque llegamos pintados y con matracas a tus partidos, o a veces no podamos pagarte todo lo que tu quisieras o llevarte a todos los lugares que quisieras viajar, nos partimos la madre por ti, nunca buscando que sea solo para que nos lo agradezcas, si no para que cuando seas grande tengas las herramientas para ser una gran mujer, como tu mamá.

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No tengo duda de que si hay otros papás leyendo la carta que te escribí, van a sentirse identificados conmigo cuando les comparta que no somos los únicos que nos sentimos inútiles cuando nos levantábamos “solidariamente” cuando eran ustedes eran bebés y su mamá les daba pecho, nos quedábamos dormidos sintiéndonos culpables los primeros tres días y luego medio entendimos nuestro rol en la lactancia materna no incluyente para papás. Nuestro rol como papás nunca está definido, el de mamá tampoco. Juntos nos toca formar una vida tan frágil y tan llena de luz, que nos da miedo.

Como papás, generalmente nos preocupamos por tramitar el seguro de gastos médicos del bebé, hacer cuentas e interminables hojas de Excel de los trillones de pañales que usan, la fórmula, las medicinas y las citas del pediatra y entonces nos entra el miedo de si nos va a alcanzar la quincena, pero luego todo da lo mismo cuando dicen por primera vez “papá”.

Mariana, no se cuando puedas leer esto, pero al día de hoy, yo he trabajado toda mi vida laboral en el área de educación. Tu mamá sabe que me he desvelado, cansado y hasta tengo canas por buscar trascender positivamente formando a otras personas. Eso ha sido muy importante para mi, pero hace casi dos años, llegaste tu y cambiaste mi vida.

Ahora tengo más ojeras, más panza, más canas y menos dinero, pero te tengo a ti y a tu mamá en mi vida y eso me hace la persona más plena y feliz del mundo. A veces me preguntan como ha cambiado mi vida desde que naciste y no tengo más que responder que Dios nos puso manos de tu mamá y las mías una responsabilidad tan grande, que cada levantada diaria a las 6am, cada pañal explosivo, cada llanto, cada risa, cada tiradero que dejas en tu cuarto y cada pared embarrada de plastilina me hacen recordar que lo hago por ti, por tu crecimiento, tu vida, tus sueños e ideales que vendrán.

Nunca dudes lo mucho que te amamos, Mariana.

Papás, amen a sus hijos, aprendamos de ellos y por ellos, y como diría mi esposa…You got this, Dad.