Mujer maravilla

Hola!! Soy Nora, tengo 28 años y soy de Monterrey. Soy Ingeniera Industrial, la más afortunada de las esposas y hace casi 5 meses mi vida cambió por completo! Me convertí en la mamá de Lucía y con eso llegó a mi vida la felicidad y ¡el amor más grande que he experimentado!

Cuando mi esposo y yo decidimos buscar el embarazo tuvimos la inmensa fortuna de que todo se dio de una manera muy sencilla, al segundo mes ya estaba dándole la gran noticia a Óscar y comenzamos a prepararnos. Todo pasó tan rápido y fluido, que para cuando nos dimos cuenta Lucy ya estaba aquí.

Todo el mundo te dice que descanses las últimas semanas pero como yo me sentía “la mujer maravilla” decidí trabajar hasta un día antes del parto y juraba que usaría el tiempo de incapacidad para re-decorar la casa, ¡JA! ¡No sabía lo que venía!

Todas sabemos el cambio que significa la llegada de nuestro bebé, pero yo quiero platicarles sobre lo que ha sido sin duda, una de las cosas más difíciles de mi vida, dejar la mitad de mi corazón al cuidado de alguien más para regresar a mi vida profesional.

Hay una frase que ya no recuerdo en donde escuché, pero hizo eco en mí… “Las mujeres siempre renunciamos a algo,  tú decides a que renunciar”, suena feo no? Por qué tenemos que renunciar a algo? Cuando yo decidí, encontré eso que todas hemos escuchado y de vez en cuando sentido, la famosísima CULPA.

Desde antes de que Lucy naciera yo tenía claro que quería regresar a la oficina. Independientemente de lo que representa un segundo ingreso a la economía familiar hoy en día, siempre he encontrado en mi trabajo un espacio para desarrollarme, aprender, contribuir y ser yo misma. Y tengo la fortuna de tener un compañero de vida que me  apoya por sobre todas las cosas. ¡Eso es increíble! Pero cuando tienes en tus brazos a tu pequeñ@, ¡todo cambia!

Cuando se acercaba la fecha de regresar a la oficina  entre en negación, no quería buscar guarderías, tanto así, que termine inscribiendo a Lucy un día antes. La última semana antes de regresar fue dificilísima, lloraba a diario (a veces en varias ocasiones) y a escondidas, porque claro, no quería que mi esposo me viera llorar, yo quería verme tan segura y confiada! ¿Que no era la mujer maravilla?

Llegó el tan temido día de separarnos y cuando la deje por primera vez, honestamente fue mejor de lo que esperaba, pensaba que lloraría todo el camino hasta la oficina pero no fue así, tal vez ya había llorado demasiado. Después aprendí que eso que yo sentía tenía nombre y se llama “Ansiedad de Separación” y que generalmente pensamos solo en los niños que estarán con alguien nuevo o extraño pero a las mamás ¡también nos sucede!

Conforme fueron pasando los días, las cosas fueron mejorando, veía como Lucy llegaba en las mañanas feliz de encontrarse con su Miss y me recibía siempre tranquila y con una sonrisa, y esa sonrisa ¡vale muchísimo más que cualquier otra cosa!

Y no lo niego, hay días más difíciles que otros, cuando se enferma, cuando hay demasiado trabajo y no puedes llegar a tiempo por ella o preparar la cena, cuando te dicen que tú pequeña hizo algo y tú no estuviste ahí para presenciarlo, cuando intentas seguir esforzándote por mantener una lactancia “exitosa” y las juntas y los pendientes en la oficina no te dejaron dedicarle el tiempo que se necesita y llegas con las manos vacías a casa…

Son muchos los factores y cuando crees haber brincado un bache, te encuentras con otro un poco más adelante. ¡Nada es fácil! Y el equilibrio suena tan frágil…

No soy experta ni mucho menos, pero les quiero compartir algunos consejos que me han dado y me han funcionado (aunque haya días en que olvide practicarlos)…

1. ¡Confía en el lugar y en la persona con quién vas a dejar a tu pequeñit@!

Yo busqué por cielo mar y tierra y visite solo Dios sabe cuántos lugares hasta que encontré uno que me hizo sentir cómoda y segura y que contaba con las cosas que yo estaba buscando.

2. Reconocer que no somos la única persona que puede cuidar de nuestro bebé

A pesar de que la cultura y nosotras mismas nos hemos puesto el chip de que somos las únicas que podemos y debemos cuidar de ellos, lo cierto es que hay gente a nuestro alrededor que también nos puede ayudar y eso NO está mal. Nota, esto aplica también con los abuelitos, tíos, tias y hasta con tu propio esposo!

3. ¡Entrégate al momento que estás viviendo!

Es súper común que como mamás estamos pensando en mil cosas y vivimos malabareando, te ha pasado que estás en el trabajo y sientes que no estás cuidando bien a tu bebé y que cuando estás con tu bebé sientes que estás descuidando tu trabajo? Enfócate en una sola cosa a la vez y ponte la gorra del rol que estés jugando en ese momento, eso ayuda a bajar el estrés!

4. Reconoce tus emociones y ¡compártelas!

Extrañar a tu bebé y preocuparte por él es lo más natural del mundo, está en tu código genético porque en la antigüedad si tú no estabas presente tú bebé no iba a sobrevivir, pero ya no estamos ahí! Y elegiste a alguien en quien confias para cuidar de tu corazón mientras no estás, te acuerdas?

5. ¡Cuida de ti, se una mujer completa!

A medida de que tu estés feliz tu bebé también lo será, encuentra momentos de disfrute aunque en el trabajo no todos los días sean maravillosos, si lo que estás haciendo lejos de él o ella vale la pena, la sensación de que sacrificas algo se comienza a hacer más pequeña.

Si algo no está funcionando, está bien cambiar de opinión! Nada está escrito en piedra y tú mejor que nadie sabe lo que necesita tu familia.

Y lo más importante de todo, apoyate en tu pareja, con amor y buena comunicación seguro encuentran la manera de hallar su propio camino, recuerda que tooooodo lo haces por tu pequeñit@ y que su felicidad vale más que cualquier otra cosa!

¡Eres la mejor mamá del mundo para tu bebé! ¡No lo dudes nunca, mujer maravilla!

ygtn