Familia de dos

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Soy Damaris, tengo 26 años, acapulqueña viviendo en Monterrey, mamá de Damián de 1 año (24-Feb-2018) y soy arquitecta con maestría en valuación.

De todos los títulos que tengo, la etiqueta de mamá soltera es la que menos me gusta y no porque no lo sea, simplemente porque la sociedad lo sigue viendo como algo despectivo, ¿elección, decisión obligada, estilo de vida? Parece que estamos obligadas a responder esa pregunta, pero no es así. Yo opto por cambiar el tema porque eso no es importante en mi vida, lo único que es trascendental es mi hijo.

Llegué a Monterrey hace casi 9 años, con muchas metas personales y profesionales pero nunca imaginé como sería mi vida cuando tuviera una familia propia. Tengo que confesar que cuando supe que estaba embarazada sentí miedo y a la vez alivio cuando tomé la decisión de que haría esto a mi manera y solo a mi manera.

Le tengo que dar gracias a mi mamá porque me apoyó desde el día uno y estuvo con nosotros los primeros meses de la llegada de Damián y sin ella hubiera sido más difícil de lo que fue. Vivir lejos es complicado, tienes el corazón dividido en dos lugares, pero te prepara para ser independiente, desde hacer un presupuesto, aprender labores domésticas y organizar tu tiempo entre escuela, trabajo y vida social; pero con un bebé no hay punto de comparación. Me consideraba una persona muy autosuficiente y no me gustaba pedir ayuda, pero desde el embarazo aprendí que no todo lo puedo hacer yo y que es bueno aceptar ayuda de vez cuando.

Como toda mamá primeriza el apoyo de mi familia fue indispensable y le agradezco a todos por hacerme sentir la mejor todo el tiempo, pero ellos están lejos, entonces tuve que recurrir a una nueva red de soporte: mis amigos, y sin ellos estaría contado otra historia; desde un “acompáñame al súper” porque a medida que el bebé crece es más difícil contenerlo en el fular o la mochila, hasta una visita para que yo pueda hacer tareas del hogar o tener un baño caliente sin interrupciones… porque a pesar de ser mamá 24/7 tienes el derecho de tener un tiempo para ti en el día, aunque solo sean 30 minutos.

Yo era cero organizada, empezaba una actividad sin terminar otra y aprendí que la organización es esencial. Mientras Damián dormía una de sus siestas yo podía adelantar la comida, etc. Me di cuenta un poco tarde que a medida que pasara el tiempo, no iba a ser más fácil sino todo lo contrario porque el bebé ya es activo, sin embargo, desde el primer libro que leí embarazada que decía que descansar bien en la noche es la clave. No importaba como terminara el día, él y yo íbamos a dormir porque al día siguiente sería igual de pesado (hablo en pasado porque a pesar de que Damián es muy activo e inquieto, si se volvió más fácil con la práctica y no todos los días fueron pesados).

Recuerdo esta frase que leí y antes no la entendía: “El amor es la fuerza que mueve al mundo y tú eres el ejemplo perfecto de ello”, pero ahora al ver crecer a mi hijo hace que todo tenga sentido. Puedo presumir de un lazo muy especial entre los dos porque claro, solo somos él y yo en el día a día (es una ventaja enorme).

Sin embargo creo que eso lo volvió el “huracán” que es y justo por eso decidí inscribirlo en la guardería. Ya tiene un mes yendo y ama convivir con sus maestras, hacer las actividades de un niño grande y tener esa ocupación hizo que fuera más regular en sus horarios y en cuanto a mí, definitivamente fue difícil dejarlo ir, pero ahora tengo tiempo para hacer ejercicio y regresar por completo al trabajo y no solo desde casa.

Nadie nace preparado para ser padre, no creo que exista un manual que le quede a todos. Obviamente nunca creí que sería “padre y madre”, pero no me considero eso, yo soy una mamá y estoy orgullosa de lo que he hecho con mi hijo.

Las constantes preguntas que tus conocidos te hacen a veces llegan a incomodar, pero a un año de este viaje, decidí que ya no me molestarían más, el “¿Cómo le haces?”, “¿y si puedes?”, “¿no te sientes sola?”, “¿no estas cansada?”; claro que no ha sido sencillo pero creo que hemos manejado muy bien la situación y ver que mi hijo tiene una personalidad alegre, que llega a cualquier lugar con una sonrisa y ver que hasta el momento he criado a un bebé sano, curioso e inteligente, me da la fuerza suficiente para salir adelante y lo más importante que he aprendido de esta experiencia es que no puedes hacerlo sola y gracias a Dios, no lo estoy.

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