Ansiedad Post-Parto

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Si  durante el embarazo estuviste o has estado checando cada síntoma en internet, leyendo inmensidad de blogs, libros, foros, viendo videos de YouTube que te terminan llevando a historias que nunca debiste de ver, te la pasas todo el día imaginando montón de escenarios sobre el futuro (y no los más bonitos) y si terminaste pidiendo a gritos que alguien te contara POR FA VOR historias bonitas y casos de éxito sobre el parto, lactancia y maternidad, entonces ya somos dos.

Durante todo el embarazo escuché hablar sobre la depresión post-parto, sobre los inevitables baby blues y lo abrumador que es ser mamá. No había nada que me aterrara más sobre todo el proceso que el post-parto. Llegó un momento en que fue tan sofocante tanta información que mejor decidí dejarlo por la paz y aceptar lo que viniera. ¿Por qué tanto miedo? Pues a mis 23 años de edad entré en una depresión muy fuerte que venía arrastrando de muchos años y comenzaron a darme los famosísimos ataques de pánico y entré a terapia que duró unos 2 años. Salí victoriosa de la prueba y tiempo después me dieron de alta por completo del medicamento.

Pensaba jamás volver a ese lugar de mi vida, fue una etapa de la que aprendí lo que necesitaba y juré no volver nunca más. Antes de casarme (a los 27 años) volví a tener uno que otro episodio de ansiedad, así que mi psiquiatra me indicó volver al medicamento (que es de los más nobles en el mercado) y tomarlo si quería casi que de por vida. Y así fue, viví mi maravillosa boda a la orilla de la playa en la Riviera Maya, me fui de Luna de Miel backpacking por Europa y Grecia y regresamos a vivir a nuestro nuevo hogar en Playa del Carmen. Después de tres meses de inmensos cambios en una nueva ciudad, un proyecto cancelado en el que íbamos a trabajar mi esposo y yo, me enteré felizmente pero con algo de angustia de que estaba embarazada.

Para este tiempo yo seguía en el medicamento así que le hablé de inmediato a mi psiquiatra y me dijo que si yo me sentía bien podía posponerlo durante el embarazo aunque realmente ese medicamento no está contraindicado. Así que lo dejé, de la noche a la mañana y a pesar de los síntomas que dan de abstinencia, me sentí bien. No tuve ningún episodio de ansiedad ni pánico, ni depresión durante el embarazo pero sí pasé por muchas cosas, muchos cambios y sobre todo por muchos pensamientos.

A las 31 semanas me confirman que mi parto tendría que ser por cesárea, algo que no quería porque había leído y escuchado que la mayoría de los casos de depresión post-parto se relacionaban con haber tenido cesárea por el cambio tan brusco de hormonas al que tu cuerpo todavía no estaba listo para recibir. Al ser parto natural, tu cuerpo produce una gran cantidad de oxitocina, serotonina y otras hormonas que te ayudarán a regular el ánimo, es por eso mismo que somos capaces de traer a un bebé al mundo de la manera en que lo hacemos. Pero no dejé que me comiera el tema, me enfoqué en que así ya tendría la fecha definitiva de mi bebé, no nos pondríamos en riesgo ninguna de las dos, llegaría fresca y maquillada al hospital y saldría espectacular en mi foto con mi esposo y mi recién nacida. Y así fue. Salgo verdaderamente espectacular en esa foto jajaja.

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Sabía que la maternidad no era fácil, juzgaba cuando otras mamás hablaban de lo exhaustas, tristes, desesperadas que estaban, me preguntaba si realmente se habían metido al juego sabiendo las reglas o realmente pensaron que iba a ser fácil. Qué mal estaba. No por estar consciente de que la maternidad no es fácil significa que será más fácil. Estuve los tres días en el hospital y regresamos un domingo muy campantes a la casa, no tuve ningún problema con la cesárea, fue el menor de mis males. Pero ese mismo lunes en la madrugada tuve que regresar al hospital por una gastroenteritis bacteriana aguda. Algo que comí tenía alguna bacteria y me llevó de encuentro en mi primer día en casa como mamá. Y de ahí, no paró la bola de nieve. Me quedé internada un día, salimos con una cuenta extravagantemente cara y dimos gracias a Dios por la invención de las tarjetas de crédito.

No pude comer por semanas porque le tenía terror a que me pudiera pasar algo, además de que los síntomas no se me quitaron al 100 la primera semana porque me dieron un antibiótico noble que no afectaría la lactancia. A la semana tuve que regresar al médico porque no había mucha mejoría, tuve que tomar otro antibiótico por 7 días y arrasó con todas las bacterias, buenas y malas de mi sistema, así que para recuperarme tenía que seguir una dieta muy estricta. Además tuve que suspender la lactancia, que fue lo mejor para mi en ese momento; después mi acupunturista me comentó que la ansiedad genera muchas toxinas que se pasan a través de la leche y eso es mucho peor para el bebé que darle fórmula, a pesar de que mi pediatra de ese entonces me obligaba de mala gana a seguir prendiéndomela, cosa que nunca sucedió.

Entonces sumemos todo: no comía, no dormía, no sabía lo que estaba haciendo, le tenía pánico a comer y a cada cosa que sentía en mi cuerpo, tenía una recién nacida en casa por primera vez que no se quería prender, lloraba todo el día y toda la noche, tenía un pediatra que no era empático conmigo y me hacía sentir mal por no ofrecerle a mi bebé pecho. Y entonces sucedió, por fin mi cuerpo cedió: bienvenida seas ansiedad.

Claro que las dos primeras semanas me dieron los Baby Blues, andaba llorando en todas las esquinas, sólo pensaba en que quería mi vida pasada de vuelta, que quería mi relación con mi esposo de vuelta, quería apagar todo como si fuera magia. Obvio esto me generaba culpabilidad y me sentía horrible porque al mismo tiempo veía a este ser tan pequeñito e indefenso y yo pensando esas cosas = mala madre. Después de esas dos semanas de baby blues, mejoré. Fiu, no era depresión post-parto. Pero entonces empezaron los temblores en la madrugada, náuseas (mi peor miedo), estómago descompuesto, pensamientos catastróficos y repetitivos, noches sin dormir, etc, etc.

Anteriormente yo ya le había preguntado a mi doctor si por haber tenido previamente depresión era más susceptible a que me sucediera en el post-parto y me dijo que sí aumentaban las posibilidades pero que no me preocupara por eso, había muchos métodos naturales para eso. Lo que yo no sabía es que también existe la ansiedad post-parto y que evidentemente era muy probable tenerla si siempre has sido una persona aprensiva y ansiosa. Como en el embarazo no volví a saber de la ansiedad, realmente la borré de mi mente, cuando me llegaron los primeros síntomas pensé que por fin me había vuelto loca. Hablé con mi psiquiatra y me recomendó volver al medicamento y como antes yo tomaba uno genérico lo volví a hacer esta vez. ERROR. Después me explicaron que aunque la COFEPRIS estipule que son lo mismo, no es verdad, los genéricos pueden digerirse diferente que aquellos de marca y laboratorios reconocidos.

También depende de cada persona. Este medicamento, los primeros días tiene efectos adversos, incluso te puede dar más ansiedad mientras tu cuerpo se acostumbra a la substancia. Y así fue. El primer día que lo tomé, a las 2 am desperté temblando en pánico. Estuve 2 días enteros sin saber de mi bebé, sin poder reaccionar, sin poder comer, sin poder hablar, nada. Así que dije NO MÁS y no tomé el medicamento de nuevo. No fue la decisión más inteligente de mi parte. Decidí intentar todos los métodos naturales posibles empezando por cambiarme de pediatra jaja volví a la acupuntura, usé aceites esenciales, tomé tés relajantes, GABA, triptofano, melatonina, hasta CBD intenté. Podía calmarme a ratos pero mi cabeza no dejaba de pensar en TODO el día, no podía respirar bien, mi estómago estaba deshecho (yo creo que lo único bueno de esto es que al terminar la cuarentena ya estaba de vuelta en mi peso jajaja).

El mundo va a decirte que todo está en tu cabeza, a esto responde dos cosas:

1. No, tu cerebro envía señales por medio de neurotransmisores, cuando entras ya en crisis de ansiedad y pánico significa que esos neurotransmisores ya no están funcionando bien o no produces los suficientes.

2. Y si sí está sólo en tu cabeza ¡¿qué?! Cada una viviremos la maternidad de maneras muy diferentes y tenemos el derecho de pensar, hacer, sentir lo que necesitemos en ese momento. No es fácil, parece que no habrá luz al final del túnel pero sí la hay. Mi luz fue volver a atenderme, tomar de nuevo el medicamento indicado (no el genérico), refugiarme mucho en mi esposo y aceptar la ayuda de mi mamá.

Mi bebé cumple 3 meses este viernes y yo ya llevo 1 mes en tratamiento, la primera dosis no me funcionó así que tuve que aumentar la dosis y apenas empiezo a sentirme mejor, a comer mejor y por fin mi mente dejó de torturarme. Practico meditación, estiramientos, salgo a caminar, a tomar el sol cuando sale en este tiempo, busco salirme, hablar con amigas, hablar con mi esposo, jugar con mi bebé, me tomo mi té relajante todas las noches, cambié mi alimentación y lo más importante: dejé de juzgarme y no permití que los juicios de otros se volvieran míos.

Esto será pasajero, tuve que tomar la decisión que me ayudaría a mi a estar bien para que mi bebé y mi familia pudieran estar bien. Dejemos de culparnos por absolutamente todo, no siempre podremos solas, eso es lo que nos hace más fuertes: aceptar que de vez en cuando necesitamos ayuda. Recurre a todo aquello que te ayude a sentirte más tú, sólo así podremos hacer que nuestros hijos sean más ellos.

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