En la vida, ¿Quién te prepara para lo inesperado?

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Hay cosas que pensamos que nunca nos sucederán a nosotros, cosas que creemos y vemos tan lejos y que quizá estén más cerca de lo que imaginamos.

Nadie dijo que ser mamá era fácil, y es que cuando escuchábamos a nuestra mamá o a nuestras abuelas mencionar que nada duele mas en este mundo que los hijos, no lo entendíamos, o pensábamos que quizá exageraban hasta que lo vivimos.

Y es que ser madre no es simplemente que alguien te diga “mamá”, ni cambiar pañales, ni dar un biberón a altas horas de la noche.

Ser madre para mi es sentir el amor mas puro del mundo y al mismo tiempo el dolor mas profundo.

Todo empezó en mi embarazo, mis últimos 3 meses tuve amenaza de parto prematuro y pues tengo que confesar que no la pasé nada bien, aunque finalmente traté de ver el lado positivo de las cosas, ya que tenía muchísimo tiempo para descansar antes de que el bebé llegara a nuestras vidas. Tuve que dejar mi negocio por un tiempo y dedicarme a cuidar a mi bebé para que los dos estuviéramos a salvo.

Cuando José Emilio nació mi mundo dio un giro total, los últimos 3 meses necesitaba que el tiempo volara para que esa amenaza que había se alejara de nosotros, sin saber que lo verdaderamente difícil estaba por venir.

Nadie te dice que la cesárea si duele, y mucho, nadie te dice que después de eso pueden suceder muchas cosas que realmente no te esperas, como el baby blues por ejemplo.

Justo a los 19 días de nacido José Emilio entró en una crisis alérgica severa.

APLV (Alergia a la proteína de la leche de vaca). ¿Qué es eso? ¿Cómo sucedió? Un bebé solo toma leche, como puede ser alérgico a lo único que lo mantiene con vida? ¿Cómo puede ser alérgico a mi que lo amamanto? Eso y mas pasaba por mi cabeza, mientras el baby blues me tomaba de la mano y el dolor de la cesárea no me dejaba valerme por mi misma. Fue un mes crítico.

Dos meses después, la crisis no cedía y la única gastroenteróloga pediatra (su alergia era a nivel intestinal) en la ciudad se negó a seguirlo atendiendo, finalmente dimos con una alergóloga quien fue la que saco a mi bebé adelante.

Quien iba a decir que un ser tan pequeño nos daría la lección mas grande de fortaleza, y es que ser fuertes era nuestra única opción.

Como matrimonio, mi esposo y yo nos unimos en fe, nos volvimos uno solo, con el mismo objetivo, con la misma oración noche tras noche, con el mismo amor y el mismo dolor compartido, y es que solo nosotros nos entendíamos. El era mi mas grande apoyo, mi mas fiel ayuda, los brazos en los que podía refugiarme y sentirme segura, sabía que teniéndolo a el a mi lado no estaba sola, sin el simplemente no hubiera sido tan blando el camino. Sé que José Emilio tiene al mejor papá que nació al mismo tiempo que el.

Estoy agradecida con Dios, mucho. Me eligió para mandarme a un bebé especial, creyó en mí y eso me obligó a creer en mi misma. Y es que cuando mi hijo nació, nació una nueva YO, y aunque me costó trabajo acostumbrarme a esa nueva yo, hoy me acepto y me abrazo, con mis miles de imperfecciones, con mis defectos y con mis días de poca paciencia. Y es que cuando mi hijo me abraza y me besa, me doy cuenta que lo estoy haciendo bien, al menos para el.

Hoy José Emilio es sano, total y completamente, superó la alergia, y nosotros somos los mas felices por eso. El baby blues me soltó de la mano y se fue, el dolor de la cesárea cedió. Y salió un nuevo sol para los 3, mi pequeña familia.

José Emilio es bálsamo para mi alma. Cuando volteo para mirar atrás solo puedo sentir orgullo y paz. Lo logramos, no nos rendimos, ni por un segundo, ni en una noche larga, ni en las mañanas de angustia. Y me pregunto ¿Cómo fue que lo hice? No lo se, y quizá nunca lo sepa, y es que finalmente entendí que la vida, es como el cuerpo. Jamás volverá a ser la misma después de los hijos, ¡PERO ES AUN MEJOR! Hoy somos mas fuertes, mas humanos y mas conscientes, la vida nos dio un golpe fuerte con el único objetivo de convertirnos en mejores padres y de agarrar la fuerza y no soltarnos de ella en cualquier situación.

Algo que me sirvió enormemente en esos momentos fue hablar con personas que habían pasado por lo mismo que estábamos pasando con José Emilio, me sentía comprendida, me sentía acompañada.

Mamá, hoy te reafirmo que tu amor y tus fuerzas siempre serán mucho mas grandes que todo el dolor. Abracémonos mas, amémonos mas, seamos empáticas unas con las otras, porque nadie entiende mas a una mamá, que otra mamá.

Aquí estamos.

Aquí estoy.

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