¿Una mamá de cuento de hadas?

Si estás leyendo esto es por qué probablemente estas buscando como ser una mamá de cuento de hadas, una doncella qué junto con su príncipe azul, tuvo a su primogénito y fueron felices para siempre. Piensas que te voy a decir que no existe…no, todo lo contrario, sí existe y te platicaré mi experiencia de cómo logré ser una mamá de cuento de hadas (a mi manera).

Para escribir esto, primero se me ocurrió el título por qué quería un tema que comparará la expectativa de ser madre con la realidad, así que me puse a buscar en google “Princesa de cuento de hadas” la primer palabra que encontré fueron fue FANTASÍA.  Y fantasía es precisamente la palabra que tuve en mi mente durante la planeación de mi bebé y en el embarazo.

En la planeación de Emilio, como buena nutrióloga me encargue que tomaramos nuestros suplementos de ácido fólico, DHA y omegas, junto a una excelente alimentación. Como resultado, justo el día que cumplimos 1 año de casados quedé embarazada (todo parecía perfectamente planeado).

Durante el embarazo todo fue una maravilla. Los meses pasaban y todos los días planeaba e imaginaba como sería mi vida cuando naciera mi bebé… todo sería como cuento de hadas.

Planeé mi parto natural, de hecho no quería epidural, yo sola iba a soportar el dolor (porque soy una princesa luchona). Me entregarían a mi bebé en los brazos, le daría un beso a mi príncipe y nos tomaríamos una foto que después colgaría en la habitación de mi hijo.

Iba a alimentar a mi bebé con lactancia materna exclusiva desde que naciera hasta su primer año de vida. Así que tomé un diplomado de lactancia materna, diseñado para nutriólogos. Al mismo tiempo pensaba “Que mal que no le den lactancia a sus bebés, que flojas, que mal informadas, solo ponen excusas, por que la teoría dice que el cuerpo de la mujer está diseñado para eso”.

La cuarentena iba a ser sencilla, por qué me dividiría las tareas con mi príncipe azul ¿Total, qué tanto son 40 días?. ¿Depresión post parto? Eso es un invento de este siglo, pensaba. ¿Cómo es posible que si planeaste y querías un bebe, estés triste después? Ya pasando la cuarentena mi bebé me acompañaría al consultorio, se iba a portar excelente, mientras yo atendería a mis pacientes y diseñaba los planes de alimentación.

Durante este tiempo veía a otras mamás desarregladas y pensaba “¿Apoco no tienen tiempo para arreglarse?”. Claro que yo iba a estar impecable, cabello arreglado, uñas arregladas, una princesa salida de Disney se vería desarreglada al lado mío.

Primer cambio de planes; al llegar el día del parto no pude tenerlo natural por que venía sentado, así que mi ginecólogo recomendó cesárea. La cesárea salió de maravilla y gracias a que hice ejercicio y fue una muy buena operación, no tuve ningún tipo de dolor, ni siquiera los días posteriores. Seguía mi cuento de hadas.

No fue si no hasta llegar a la casa que todo se transformó, y sentí que me fui convirtiendo en bruja, mi esposo en ogro y mi Emilio en un gnomo encantado destinado a llorar por la eternidad. Las cosas empezaron a cambiar, y nada era como lo planeé.

Exactamente al mes de nacido, Emilio lloraba sin parar y noté que no me salía tanta leche (a pesar hacer todas las recomendaciones). Lloró durante 48 sin parar, así que con todo el dolor de mi corazón fui llorando a comprar su fórmula y me preguntaba, “¿Por qué?, si según la teoría el cuerpo de la mujer estar diseñado para brindarle la leche que necesita?, ¿No soy buena madre por comprarle fórmula?, soy el peor ejemplo de nutrióloga pro lactancia dándole a mi bebé leche de fórmula, que mal”.  

En el mismo período, empezaron las fricciones con mi ahora ogro, por el nulo tiempo que yo dedicaba a el y al hogar, sumándole que no dormíamos, el gnomo llorando por cólicos y yo convertida en el vivo ejemplo de una bruja de cuento, desarreglada y de muy mal humor.

Mis días se transformaron en: mamá 24/7, esposa, nutrióloga con agenda llena, ama de casa, y tiempo para arreglarme y para mi, ya no había. Con los días sentía como la bruja mataba a mi princesa interior. Me convertía en una máquina de cambiar pañales, recoger, lavar ropa y mandar planes de alimentación en la madrugada. La princesa de cuento de hadas estaba más triste, más desesperada, con menos paciencia, con muchas ganas de soltarse llorando, con ganas de no ser mamá por un día, con ganas de volver a mi cuento mágico que había imaginado donde todo era perfecto.

Hecha un desastre física y emocionalmente leí una frase que me encanto “Un bebé no viene al mundo a hacerte feliz a ti, si no que tú lo hagas feliz a él”. Fue cuando caí en cuenta que mi princesa interior murió en el momento que me convertí en madre, y no me convertí en bruja, si no en una hada madrina, en el hada de Emilio, el hada que lo va a cuidar y proteger toda su vida, esa hada que solo aparece cuando la necesite, que ayuda a su príncipe a vestirlo para ir al baile con otras princesas, que da los mejores consejos. Esa hada que para el es perfecta, como todas las mamás que para los hijos son perfectas… esa hada soy. Que junto con ahora rey (esposo) vamos a vivir felices para siempre, aunque signifique desesperarse, perder la paciencia, llenarte de vómito y popó de vez en cuando, dormir menos, preparar infinidad de biberones y cambiar un sin fin de pañales. Aunque eso implique que le regale la mayoría de mi tiempo (aprovechando al máximo el tiempo que queda a mi para tampoco descuidar mi profesión y como mujer).

Así que bienvenida al mejor cuento de hadas del mundo, donde NADA saldrá como lo planees, este cuento tiene muchas adversidades, pero hay algo seguro tú eres la mejor hada madrina que tu bebe pudo tener, bienvenida al: FELICES PARA SIEMPRE.

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