Amenaza de aborto

POR: ALE DE LA GARZA

Dicen que cada embarazo se vive diferente. El mío ha sido de alto riesgo por amenaza de aborto. Les voy a compartir cómo lo he vivido con intención de quitar tabús, apoyarnos entre nosotras y concientizar a las personas de nuestro alrededor a ayudarnos en los momentos difíciles.

Amenaza de aborto. Suena horrible, ¿no? La verdad es que sí es horrible.

Soy Ale, estoy embarazada de 33 semanas de mi primer bebé y hoy les voy a explicar un poco de lo que ha sido mi experiencia. Quise escribir en este blog para que aquella persona que esté pasando por algo similar, sepa que estas situaciones son bastante comunes y que, sí, sí hay esperanza de que todo salga bien.

Para algunas mujeres, incluyendo mi mamá, estar embarazadas ha sido su época más bonita y mágica de la vida. Para mí, ha sido la etapa más angustiante que he tenido en muchos sentidos.

Es obvio que también ha sido bonito y emocionante. Pero haber vivido algo como una amenaza de aborto y haber estado en reposo absoluto dos meses, es complejo a nivel físico y psicológico. A demás, soy de Monterrey y por cosas de la vida vivo en la Ciudad de México, donde no tenemos a ningún familiar ni mi esposo ni yo.

He pasado por 3 ginecólogos diferentes y por muchos altibajos de emociones en esta aventura que se llama embarazo. Este post, como dije antes, es para compartirles mi experiencia, todo consúltenlo con sus ginecólogos obviamente.

Todo empezó así…

Me enteré de que estaba embarazada a la semana 5. No me atreví a voltear la prueba yo sola y le pedí a mi esposo que él la girara para ver el resultado. Considero que sí estaba lista para embarazarme, fue algo que planeamos cuidadosamente. Pero el hecho de que pegara en el primer intento hizo que me hiperventilara un poco (o mucho) cuando vi que salió positivo hahaha. Verlo a él tan calmado y feliz me hizo tranquilizarme, y con los días, me empezó a caer el veinte.

Fuimos con la doctora a todo el procedimiento de rutina para ver que estuviera bien el progreso, y nos dio su visto bueno. ¡Nuestro bebé era un ajonjolí! Descargué una app para ir leyendo y enterarme de las cosas del desarrollo de nuestro bebé y compré algunos libros. Le avisamos a nuestros familiares más cercanos y todo empezó a tomar forma.

El primer susto…

Cuando teníamos 8 semanas, tuve un “hematoma por implantación”. Básicamente, es un sangrado con ciertas características. En mi caso, era como cuando son tus últimos días de menstruación y en poca cantidad. Súper asustada, le llamé a la doctora y me pidió que me tranquilizara, que “probablemente” no era nada tan grave y que me revisaba al día siguiente. Yo pensaba ¿probablemente? ¿Es en serio? ¡Quiero que me revisen YA!

Al día siguiente en la consulta, la doctora confirmó su diagnóstico y me pidió llevar un reposo relativo por dos semanas. Reposo relativo meaning hacer tu vida normal sin hacer ejercicio, cargar cosas pesadas ni tener relaciones sexuales. También me dio una pequeña dosis de progesterona por esos 14 días.

El peor momento…

Todo iba bien, yo me sentía bien. El susto había pasado. Pero justo al término de esas dos semanas de reposo relativo: ¡FUM! Tuve un sangrado rojo y abundante. Pensé que todo había acabado. La doctora me había explicado que cuando el sangrado es rojo y abundante puede significar un aborto.

Llorando (mucho), le llamé para saber qué hacer. No quería moverme, no quería ver la taza del baño, no quería analizar mi calzón manchado. Me di cuenta de lo demasiado que quería a esa semillita que se estaba formando dentro de mí y que no estaba lista para perder la esperanza. Y es que nadie te prepara para perder un bebé. La gente habla de la ciencia y que el cuerpo es sabio, pero realmente ¿quién está preparado para vivir algo así? Lo superamos como podemos, pero es algo que no es fácil de digerir.

Me fui con mi esposo a urgencias del hospital más cerca de donde vivimos (ya saben que aquí hay muchísimo tráfico así que era la mejor opción). Llegué, y me revisaron varios residentes de ginecología. Hasta la fecha no sé porqué no me reviso el ginecólogo de guardia inmediatamente, pero en el momento lo único que quería era que alguien me ayudara a saber qué estaba pasando.

Nadie me decía nada. Llegamos ahí a las 10 am, me revisaban y me revisaban y no supe nada hasta las 2 pm que llegó mi doctora de una cirugía. Nadie me quería decir nada porque no “eran mis doctores” pero imagínense la angustia por la que pasamos esas horas sin saber si ya había perdido o no a mi bebé y sin saber cuál era el pronóstico.

La doctora me dijo que lo que tenía era un “desprendimiento de placenta” y que podía llamarse amenaza de aborto. Me recetó muchísimo medicamento y me dijo que lo único que podíamos hacer era reposo absoluto. En cama todo el día. Solo podía pararme a bañar y hacer del baño LI TE RAL. Entre menos me moviera, era mejor.

Y así pasaron los días, las semanas y luego los meses. Cada día con sangrados diferentes. Cada día sin saber cómo iba el proceso porque la doctora que me atendía “no me podía revisar” por su apretada agenda y que porque, según ella, era mejor no moverme de la cama ni para ir a consulta (para mí era una tortura no saber cómo iba todo).

Decidimos cambiarnos de doctor y nos enteramos de que la dosis de medicamentos que me estaba dando la primera doctora era demasiado alta y que mi bebé seguía vivo y que ya no estaba en peligro.

El final “feliz”…

A los 4 meses de embarazo pude empezar a vivir poquito a poquito un embarazo “normal”, se podría decir que incluso lo he disfrutado. Hasta hemos viajado a varias partes ¿quién diría? Pero quiero decirles que me quedó una especie de estrés postraumático y ansiedad. Con el tiempo se ha puesto mejor, pero en un principio no había día en que no me revisara el calzón a ver si había sangre.

Me costó mucho trabajo empezar a decirle a mis amigos que estaba embarazada y empezar a ilusionarme genuinamente con la llegada de mi bebé. Emocionarme sabiendo que nada es seguro en esta vida me hizo ver las cosas de una manera diferente.

Después, decidimos volver a cambiarnos de doctor porque el que habíamos escogido no encajaba con nosotros. El no conocer a nadie aquí en la ciudad que nos pudiera recomendar a alguien fue un tema importante. Quiero aprovechar para invitarlas a siempre pedir segundas opiniones y no tener miedo ni sentirse mal por querer cambiarse de médico si algo no les late. Tenemos todo el derecho de sentirnos en manos de alguien que nos de seguridad y tranquilidad.

El apoyo es lo más importante…

Si alguien está pasando por algo similar a lo que pasé, les puedo decir que cuento los días para poder tener a mi bebé en mis brazos y terminar lo que ha sido esta hermosa pesadilla. Es una mezcla de emociones demasiado variada y, en mi caso, hice todo lo que estaba en mis manos sin saber si iba a funcionar, pero con muchísimo amor y fe; decidí no quejarme ni un solo día de no poder moverme, no quejarme de las muchísimas inyecciones que me tuve que poner, no quejarme de desmayarme en la regadera por tanto medicamento, no quejarme de tener que poner mi empresa de lado y enfocarme en tratar de estar tranquila para ayudar a la recuperación.

El apoyo de nuestros familiares y amigos es muy valioso en estos momentos. Tuve la suerte de que mi mamá pudiera venirse a ayudarnos esos meses y fue lo mejor que pudo pasar.

Si no les ha pasado, pero conocen a alguien que le está pasando o le pasó, sea cual sea el final de su historia, por favor apóyenlos en los momentos difíciles (digo apóyenlos porque los esposos sufren igual o más).

He escuchado decir a mucha gente que “entienden la situación” y que “ha de haber sido muy duro” pero se los juro, es complicado verdaderamente ponerse en los zapatos de otra. Hasta que lo vives, te das cuenta de lo difícil que es y de todo el amor y apoyo que necesitas.

Ahora me siento con ganas de crear conciencia y apoyar también a todas las que han tenido un embarazo de alto riesgo como yo. Decirles que pasar ansiedad es normal y que somos tan fuertes que sea cual sea el resultado podremos con ello. Decirles que le pasa a mucha gente y que todo va a estar bien.

Yo no tuve nauseas, ni dolores de cabeza, ni ascos. Pero se los juro que si hoy me preguntaran si hubiera preferido pasar por eso en vez de tener un embarazo de alto riesgo, diría que sí sin pensarlo.

Y a las que han tenido un embarazo que han vivido como la etapa más feliz de su vida, quiero decirles que han tenido muchísima suerte en vivirlo así y que a las que no nos fue tan bien nos ayudaría mucho que en los momentos difíciles se acordaran de nosotras para una llamada, una visita y unas palabras de apoyo.

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