Lactancia fallida

Por: Karen González

Desde que supe que iba a ser mamá no se por que pero uno de mis miedos mas fuertes (tal vez presentía lo que estaba por vivir) era la lactancia materna y sus mil complicaciones. Sin haber vivido la experiencia no me imaginaba a un bebé pegado a mi todo el tiempo,  me daba miedo las grietas, sangre, poca o mucha leche, no sé, me daba muchísima incertidumbre como iba a ser ese momento en que tuviera que servir como vaca lechera jaja.

Cuando nació mi hijo la vida cambió en un segundo. Recuerdo haberle pedido permiso al doctor de tocar a mi propio bebé, y me contestó: “mi hijita es tuyo, no tienes que pedirle permiso a nadie”, y es ahí donde me cayó como un balde de agua fría la maternidad. ¿Que iba a hacer yo con un bebé?, pero aún con todo y miedos, entré de lleno a la maternidad y así ese mismo día mi hijo se prendió a mi pecho y todo parecía tan natural y hermoso; yo produciendo leche sin ningún esfuerzo, sin golpe de leche, sin grietas, (eso si, con mucho dolor) pero nada importaba porque todo estaba funcionando.

Todo parecía perfecto, hasta que mi hijo empezó a vomitar cantidades importantes de leche, a lo cual las enfermeras me mantenían en constante alerta diciéndome que no le perdiera de vista y es ahí donde fui llenándome de dudas y miedos.

Salimos del hospital y los vómitos de mi hijo se convirtieron en explosivos y sin control, hasta que a sus 14 días de nacido, después de haber vomitado 8 veces en una sola toma de leche se desvaneció en mis brazos y tuvimos que correr a urgencias al hospital.  Lamentablemente lo tuvieron que operar de Píloro (no fue culpa de mi leche, solo mala suerte) y la gente cercana comenzaba a presionarme diciéndome que ahora Rodrigo iba a necesitar mas que nunca mi leche. Yo me sentía como si mi hijo fuera a morir si no lograba que me volviera a salir la cantidad suficiente de leche, era obvio que mi producción se redujo de una manera significativa después de tanto susto.

Me propuse hacer todo lo que estuviera en mis manos para lograr producir la cantidad suficiente que saciara su hambre. Tomé de todo: pastillas, tés, vitaminas, tomé agua como loca, me conectaba a la maquina cada hora, hasta que logré que saliera de nuevo demasiada leche y con la triste sorpresa que mi hijo aun así operado, seguía empeorando y hasta empezó a hacer popó con sangre, ¡¡¡SI!!! ¡¡¡POPÓ CON SANGRE!!!. Es ahí donde empecé a entender que la lactancia ya no estaba teniendo sentido para mi.

Cambié de especialistas y descubrimos que mi hijo lamentablemente tenía un combo de condiciones las cuales no ayudaban: píloro, reflujo y APLV (alergia a la proteína de vaca). Llorando le dije al doctor que yo estaba dispuesta a seguir esa exhaustiva producción de leche si el me decía que eso era lo que Rodrigo necesitaba para ser feliz, y el me dijo que mi hijo iba a ser feliz si yo era feliz y ahí dije ¡ADIOS LACTANCIA, NO TE QUIERO VER PRONTO!”.

Después de 2 años, nac mi hija Eugenia y volvió el más grande de mis miedos: la tan traumática LACTANCIA, pero estaba decidida a intentarlo y a no pensar que todo lo que había pasado con Rodri iba a pasar con ella. Al inicio Euge se prendió divino de mi pecho, empezó todo maravilloso y al pasar las horas se repit la historia: vómitos, quejas, diarreas, cólicos interminables, llantos, etc. El ánimo de mi esposo y mío empieza de nuevo a caer. ¿Cómo era posible que otra vez estábamos batallando tanto con la maldita leche? ¡Es leche!.

Volvimos con especialistas y resulta que Euge padece lo mismo que Rodri y pues ahí estoy yo otra vez, conectada a maquinas sacándome leche día y noche hasta que le dije a mi esposo que cada que me conectaba a la maquina o Eugenia se prendía de mí, me sentía triste y angustiada, como si mi cuerpo recordara todo lo que sufrí con Rodrigo. Fue ahí donde tomamos la decisión de que si no le estaba haciendo bien, si me estaba haciendo sufrir era momento (muy a tiempo) de cortar la leche y seguir por el camino ya conocido del biberón y fórmulas hidrolizadas que les hace muy bien a mis hijos.

Quiero decirte, a ti mamá que estas super angustiada con la lactancia, es que SI en efecto la leche materna es el mejor alimento que nuestros hijos pueden recibir… oro puro, magia, amor en cada gota. Si, debemos dar todo de nosotras para lograrlo, pero también creo que si estas sufriendo como era mi caso, tampoco debemos perdernos a nosotras mismas.

Nuestros hijos necesitan mamás fuertes, mamás alegres, que hagamos sea lo que sea que nos haga estar lo más cómodas posibles dentro de estos años de trabajo intenso con ellos. Tal vez fue mi mala experiencia con Rodrigo que hizo que con Eugenia me diera por vencida mas pronto, o tal vez con mis dos hijos me di por vencida por estar casada con un doctor, el cuál nunca está por que trabaja todos los días. Vivimos en otra ciudad lejos de nuestras familias, lo cual me ha hecho ser fuerte y simplificarme la vida en muchos aspectos, soy yo sola con mis dos hijos día y noche… tengo que hacer lo que tenga que hacer para ser feliz y eso reflejárselo a mis hijos.

Nunca sabré si han estado bien o mal mis decisiones, lo que si puedo decir es que mis decisiones siempre han sido pensando en mí, mi esposo y mis hijos y su bienestar y que a partir de esa decisión soy una mamá feliz. ¿Que raro no? supuestamente la lactancia es algo natural y divino, pero he tratado de pensar que así como todo en la vida hay cosas que nos gustan y cosas que no, pues esto no es la excepción A MI NO ME GUSTA LA LACTANCIA” y no tiene nada de malo admitirlo, eso no significa que no me entrego al 100% y más por mis hijos.

Aun así estoy convencida de que si tenemos otro hijo, haría todo mi esfuerzo (como con mis otros dos hijos) por lograr una lactancia exitosa, bien dicen que la tercera es la vencida y espero este sea mi caso cuando se llegue el momento jajaja quisiera poder revertir los malos sentimientos que tengo jaja.

Me preocupaba tanto cuando me decían que no había lazo mas grande que la lactancia, ¿cómo no va a haber lazo mas grande que la lactancia, si yo los cargue en mi vientre 9 meses? los alimento, los baño, los llevo a todos lados, los lleno de besos, los cuido día y noche, me aman, los amo, estamos conectados por siempre, con o sin pecho.

No te desesperes y no te forces. Da todo de ti y más, hasta que tu cuerpo, mente y corazón te digan “hasta aquí”, ya sea dar pecho o no dar, estas haciendo lo mejor de ti. ¡Diste vida! rodéate de personas positivas que no te presionen y sobretodo nunca dudes de tu instinto. Sea cual sea tu duda acuérdate que si tu estás feliz, tu bebé será feliz y con eso basta.

Para todas las mamás que estén dudando de sus decisiones… eres lo más mágico, hermoso y maravilloso que existe en este mundo para tus hijos, sean cual sean tus decisiones miedos y angustias, you got this mom!!!

ygtk