Mi batalla

Soy Adriana, tengo 58 años y soy sobreviviente al cáncer de mamá.

Por: Adriana Machuca

1 de Noviembre 2017, un día como todos aparentemente… Ese día programé un ultrasonido de control (tanta publicidad del mes de octubre y el cáncer de mama me hizo ir) aunque el anterior había sido en marzo de ese mismo año.

Afortunadamente ese día fue mi esposo conmigo, llegue al hospital, pasé al área de radiología y esperé el turno para mi estudio. La radióloga muy amable conmigo me pregunta cuando fue mi último estudio y me pide espere en la sala mientras checa mi anterior mamografía y ultrasonido.

Sale la enfermera y me llama diciendo era necesario hacer una mamografía porque se veía algo en el ultrasonido, aún sin miedo entro y me hacen el estudio, me llaman a una salita aparte y me explican que algo no está del todo bien y que requiero una biopsia, salí y en el coche llamo a mi ginecólogo y me cita para el día siguiente.

Voy a la cita y en ese mismo momento me manda al noveno piso del hospital, y desde que se abrió el elevador me entró el nervio al ver era un piso completo destinado a atender casos de cáncer de mama. El oncólogo me dice que el sugiere hacer una biopsia a la brevedad (la seriedad del médico contrasta con mi actitud de no pasa nada). Paso con la radióloga, toman las muestras (algo dolorosas) pero bueno para mí tranquilidad vale la pena y solo pensaba que quedaría en un susto.

Al finalizar todo me dicen que en 6 días estarán mis resultados… pasan los días y no me llaman, (yo bien feliz creyendo que si fuera malo ya me habrían llamado). Por fin el miércoles (día 7) me llama la secretaria del médico y me dice que me quería ver en el consultorio para mis resultados, así que voy con mi esposo, aún confiada, en la sala de espera escucho a una familia comentando lo que venía con un tratamiento de cáncer, que si los malestares, que si la peluca que necesitaría, etc., y yo por dentro pensando “pobre gente que tiene que pasar por esto”.

Después de todo eso, paso a mi consulta y ahí me explican que mi biopsia había arrojado un carcinoma invasivo y que era inminente quimioterapias, cirugía y radiaciones. Nunca en mi vida había experimentado aquel sentimiento de miedo, se me hundió el piso. Uno escucha la palabra cáncer y la asociamos con muerte de inmediato, vienen a mi mente distintos sentimientos, de enojo, frustración, derrota, en fin, la mayoría sentimientos negativos. Mi cabeza dando vueltas pensando “¿porque a mí?” y me respondo a misma “¿y porque a mí no? ¿que tengo de especial?”.

Esto es algo que es cuestión de tu fisiología y pues hay que tratarlo de inmediato. El jueves sin pensarlo inicié la carrera para empezar mi tratamiento, el oncólogo después de la consulta me pasa directo a la sala de quimioterapia… toda nerviosa, me canalizan y me empiezan a pasar mi primera “quimio” de un total de 8.

Ya hoy terminé toda esa carrera de tratamiento (fue como un maratón) hubo momentos duros que me hicieron pensar en abandonar la carrera, pero mi familia y amigos que siempre estuvieron conmigo no me soltaron nunca , siempre a mi lado echándome porras, y ayudándome a levantarme cuando me sentía mal.

Cada paso del proceso lleva una experiencia, por ejemplo cuando se empieza a caer el cabello y te duele el cráneo de un modo que no sabias que podía doler, cuando te ves al espejo con tu calva y sin poder contener el llanto abracé a mi esposo y el empezó a llorar conmigo. A los 10 minutos el sale y regresa calvo como yo y del llanto paso a la risa jaja y él me dice “así permaneceré hasta que tu vuelvas a tener tu cabello”.

El tiempo pasa rápido, viene la cirugía con todo el shock que representa el que te quiten una parte de ti, pero “si eso me permite vivir…¡llévensela!”. No se puede negar que es muy duro el espejo con nuestra imagen a medias, pero mi esencia no es ese pedazo de carne que ya no tengo, mi espíritu sigue siendo el mismo (medio parchado de los guamazos en estos meses) pero siento que mas fortalecido.

Viene la recuperación y la espera de la radioterapia (en total 25) que comparado con la quimioterapia es nada. Ya hoy estoy con vigilancia por 10 años, el laboratorio y el área de imagen son parte de mi vida, pero a lo largo de todo esto comprendí que agarrada de la mano de Dios y María se puede salir, que será una batalla larga pero se sale victoriosa teniendo a tu lado gente que te ama y apoya en todo momento.

Gracias infinitas a todos, no quiero mencionar nombres para que no me falte nadie, pero gracias por estar ahí conmigo en esto. Gracias Dios por dejarme aquí un tiempo más, como prometí desde un principio, de mi parte no dejaré de hacer nada de lo que se me pida para cuidar este cuerpo que tú dejaste a mi cuidado y espero cumplir lo que prometí. Que de todo este dolor y malos momentos resulte algo bueno, una mejor mujer, hija, esposa, madre, hermana, tía, amiga, en fin, ¡un ser humano más capaz en todos sentidos!

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