Lo que nadie te dice de ser mamá

Por: Karla Paredes

Tal vez a las personas a las que les reprochaste no haberte advertido antes sobre los perks of being a mom te contesten “te lo dije”, pero como era un tema que “ni de chiste te iba a pasar dentro de los próximos dos años”… hiciste caso omiso y la información de suma importancia te la terminaste pasando por el arco del triunfo o simplemente lo olvidaste… y hablando de olvidar…

¿Cómo te sientes con tu cerebro nuevo mami? Sí… yo ya no retengo ni la información, ni la orina.

Es normal que suceda esto cuando eres mamá… y así se quedará para siempre. Se dice que se pierde la razón, para ganar co-razón. Científicamente hablando, pierdes materia gris para dar lugar a lo emocional y así ponerte en el lugar de tus semejantes; en otras palabras, te vuelves chillona y empática, sobre todo con tu bebé. ¿Te acuerdas como te desesperabas con tu mamá cuando te decía… “pásame el deste que está arriba de la desta”. ¡Bienvenida al club! ¿Quién lo iba a decir?

Quiero escribirte estos puntos que a mí me hubiera gustado que me dijeran, o tal vez haber entendido mejor, antes de ser mamá.

El hospital

Todos dicen que es maravilloso que la raza te vaya a ver al hospital con el nuevo miembro de la familia, pero la verdad es que en mi caso, fue una cesárea (a mi gusto), innecesaria y sientes que satanás se te sale en forma de gases múltiples e incontrolables, sigues drogada y puedes incluso sufrir de incontinencia verbal con tus invitados. ¿Escoger la suite o la habitación normal del hospital? Es tu decisión, pero no miento cuando digo que puedes planear lo que quieras sobre tu parto, pero es posible que tu plan pase a valer queso.

La lactancia

Recuerdo que mamá me insistió todo el embarazo en que me rascara los pezones con mi toalla después de bañarme para ir “haciendo cayo”. La verdad es que la voluntad de hacerlo me duró 2 días y lo dejé en manos de Dios. Gracias al cielo, me considero suertuda, pues Rafa nunca me desprendió el pezón, ni me sacó sangre, todo fluyó en desgastes nocturnos, cambios de postura y terminó en posición de perra echada alimentando a su crío, ¡una delicia ya que le agarras la onda!

Debo reconocer que dar pecho en público me costó. El pudor pudo más, pero también el verano, así que llega un momento en la vida en que una chichi al aire vale más que mil berreadas de un hijo hambriento. Además, ¡hacerlo en misa no es pecado!

El peso

“Nombre, al tercer mes de que le des pecho te vas a chupar” — Mujer de 45 kilos que subió solo 9 en su embarazo y los expulso al mismo tiempo que a su placenta, a otra mujer que subió 25 y apenas comienza a bajarlos después de un año (yo).

Cada cuerpo es una complexión y cada mujer es diferente. Yo me inflé más durante la lactancia, a veces pensaba que Rafa soplaba en vez de succionar. Me dió antojo de todo tipo de carbohidratos y me daba más hambre que a un adolescente en clases de natación.

Tú déjate llevar como “garda en tabagán” y come lo que tu cuerpo te pida… al final la biología es muy sabia y ya tendrás tiempo de bajar.

Debo darle todo el crédito a mi marido, que cuando me vio recién parida, con estrías y con la barriga colgada, sus palabras fueron las siguientes “wow, esas son heridas de una guerrera”. Antes y no se le ocurrió decir nada sobre los pozos que dejaron las explosiones de granadas por todas mis piernas (celulitis).

Por más de que bajes… no volverás a ser la mamacita de tu luna de miel… ¡eres una versión warrior – mamá luchona mejorada!

Depresión post-parto

“Lo vas a amar más que a tu propia vida”, decían… yo pedía mi vida de regreso.

La depre post-parto es un tema. Haberle pedido a mi mamá que adoptara a Rafa y me lo regresara al año fue el primer verbalizado de mi situación.

La segunda, fue durante la visita al ginecólogo en donde le supliqué que lo regresara a su sitio.

La tercera fue desear que Rafa se ahogara durante la noche y no hacer nada al respecto para ayudarlo, así volvería a mi vida normal de honeymoonera con mi marido.

Y así de repente llegaban los pensamientos a invadir a la maternidad ideal y perfecta. Debo admitir que a los 10 meses de Rafa me desesperé porque no quiso la papilla que le preparé con amor y le grité que quería abortarlo… mmm… a sus 10 meses.

Sí mamá… tú también tienes derecho a desesperarte, a sentir y a verbalizar, pero nunca olvides abrazar, besuquear a tu hijo y recordarle cuántas veces sea necesario que lo amas y que lamentas haberte vuelto loca.

Sin dormir

Hay noches en las que no podrás dormir e incluso salir, porque no tienes ayuda de tiempo completo o porque no puedes dejar al lado el monitor. ¿Ya desarrollaste poderes de bruja? Seguramente ya experimentaste que con voltear a ver el monitor, tu bebé se levanta en automático, cual Drácula en su ataúd. Evita el contacto ocular con tu monitor en todo momento.

Las comparaciones

“¿Por qué a ti te dió y a nosotras como si nada?” “¿Por qué tuviste cesárea y todas nosotras parto natural?” La típica pregunta de todas las mujeres en la familia. Bueno, cada bebé tiene su historia de cómo venía enredado o como el doctor prefiere cuchillo que mano.

Lo que sí es importante, es asesorarte con mamás como tú, escuchar pero no hacer tuyas sus propias historias, llenarte de información y desechar aquello que no te lata. Al final ser mamá es puro instinto y corazón. Es un trabajo de tiempo completo en donde no te puedes rajar.

¡Déjate ayudar, no te hagas la mártir! Hace poco mi marido evolucionó un súper poder de empatía hacia mí y se lució regalándome dos días a la semana en los que se lleva a Rafa a la guardería para que yo pueda sentir paz mental y hacer vueltas, sin atrasos por culpa de la popó antes de salir o paradas necesarias para irme en el asiento trasero y darle de comer antes de entrar al mercado. El estado ideal Zen duró un día, puesto que no pude volver a mandar al chilpayate a la estancia porque le dio gripa. Sí… es normal que los niños se enfermen cuando entran en contacto directo con seres de igual tamaño. Ahí te sientes la peor mamá del mundo y te das cuenta de que tu vida laboral volverá a ti, cuando cumplas 45, el niño no dependa más de ti y además aporte al hogar, por lo que la economía familiar se estabilizará ya sin necesidad de pañales, fórmula y medicamentos. No te creas… ya habrá tiempo.

Finalmente, el mejor consejo que me han dado te lo quiero compartir y ojalá nunca lo olvides mamá primeriza: “Un hijo llega a tu vida para adaptarse a ti, no para que tú te adaptes a sus planes”. Take a chill pill, y disfruta de la imperfección que conlleva ser mamá.

ygtk